Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Reloj, que la vida se apaga
PERDÓN POR LA MOLESTIA
En Ourense nos pueden más los recuerdos (las añoranzas, diría), que la ilusión por lo que el futuro guarda. Yo lo tengo por un síntoma del envejecimiento. Con la provincia establecemos una relación de conversaciones cortas, más un te acuerdas que un qué bien que mañana nos espera tal cosa. Un bolero cantado en el crepúsculo, un reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer. El periódico trasladó una página de sus esquelas a la sección de local para un rogad a Dios por el alma del comercio, con un fuerte olor al incienso que esparce el cura dando la vuelta al féretro para que el cadáver llegue ante Dios purificado y oliendo bien. El titular tenía la gracia de los santos óleos: "La ciudad tiene tantos bajos sin negocios como Vigo y A Coruña juntas".
La retahíla de cifras enseña que el sector tiene cita en el forense. Enmudece el gremio, bastante tiene con abrir la persiana. Poco análisis de los expertos, si quedan. Ni se oye a las instituciones y sus empleados temporales, desprovistos de palabras reconfortantes en el duelo, carentes de recetas para evitar un cierre más al cabo de la calle. Escuché de un empresario el día que La Región publicó la noticia la clásica alusión a lo que el comercio fue en la ciudad y en lo que se está quedando. Había ahí un mohín melancólico, como quien recuerda el CD Ourense de la temporada 1967-68, que ganó todos los partidos, el COB de la liga ACB o culturalmente la Atenas de Galicia, de la que solo queda una marca en el agua. En Ourense pesa más lo que fuimos que lo que queremos ser. Las conversaciones reproducen un eco lejano de voces que ya no están. Asoman los recuerdos de Almacenes Alfredo Romero, Confecciones Santa Eufemia o el Hotel Roma. Incluso las delirantes historias del comerciante Mosquera. Lo que fuimos, dicen. En la megafonía de la estación de Embarkment, en el metro de Londres, da avisos desde hace 60 años la voz del actor Oswald Laurence. Al fallecer en 2006 su esposa acudía a diario a la estación para escuchar su voz, pero pasado un tiempo la sustituyeron. Al enterarse del gesto de la mujer, la compañía recuperó la grabación. En Ourense aún se espera por aquellas voces que daban los buenos días cuando el cliente se acercaba al mostrador. Queda una especie de psicofonía o de reunión con una güija de por medio. Claro que hay nuevas aperturas, proyectos que buscan encajar y afanosos clientes, tal vez no suficientes para garantizar la tasa de reposición. Todo el mundo confiesa sin rubor que compra a golpe de clic y corre de boca en boca si conoces ya Obramat, Jysk, Action y si abre o no Primor, las enseñas que uniformizan todas las ciudades y sus entornos. Nadie pasa por Lamas Carbajal esperando la reencarnación de Mosquera, que decía a los transeúntes: "Pasen, pasen al interior". Por cierto, mi abuela prohibía a mi abuelo pasar por este negocio porque el avispado tendero siempre le convencía y le vendía lo que no necesitaba.
Contamos los comercios que cierran, también las aulas que no abren. Algunos hemos aprovechado las lluvias de un par de semanas para echar unos nabos, de lo poco que germina en vísperas de otoño. No hay manera de que brote la especie infantil en Ourense, son como los nabos de la sequía, no van arriba aunque los riegues. Apenas 30.000 escolares entraron en el cole esta semana, un millar menos que el curso pasado. Solo en el 16% de hogares de la provincia hay menores de 16 años, frente a un 18% de Lugo, un 20% de A Coruña y un 22% de Pontevedra. No es ninguna maravilla lo de Galicia, pero otro gol que encaja la provincia, la del portero y los defensas reumáticos por la edad. Ya hay más hogares con personas que viven solas que con parejas con hijos, y no llegan al 5% los domicilios con niños por debajo de los cinco años. Y dice La Moncloa ante los datos que difunden sus propios observatorios oficiales: "El escenario evidencia el avance del envejecimiento y de la pérdida de población infantil en la provincia". ¿Y qué? Mire, tiene usted una enfermedad que puede llevarle por delante. ¿Y qué tratamiento me da entonces, doctor? Bueno, yo se lo voy diciendo. Los ourensanos nos automedicamos, pero no siempre acertamos con la pastilla que toma el vecino y le hace efecto. Prometo para otra vez rescatar de mi memoria o de un fondo documental las iniciativas tomadas en las dos o tres últimas décadas para el desarrollo de la Ourense y ver qué suerte han corrido. Me da que placebo, solamente. De momento la receta es rasgar las cuerdas de las guitarras de Los Panchos y cantar en una noche de plenilunio como una plegaria aquello de "reloj, detén tu camino, porque mi vida se apaga".
Y una vez dentro de las aulas, ¿qué aprenden y qué se les enseña a los escolares? Como cada tres años la OCDE elabora el llamado informe PISA para determinar cómo andan los chavales de 91 países en matemáticas, ciencias y lectura. Los resultados no han podido ser más desalentadores, según la mayoría de opiniones. Ya en la Edad Media la base de la educación podía ser el trivium (gramática, retórica y dialéctica) o el cuadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). Sé que es anacrónico contraponer ambos sistemas a los métodos actuales, pero parece que hace siglos lo tenían más claro. También llama la atención la sobreprotección de hoy o la pérdida de valor del esfuerzo, el método y la disciplina como vías clave para la consecución de objetivos. Las conclusiones del informe cuestionan la idoneidad de sistemas educativos como el español. Es especialmente preocupante en Ourense porque, aún por encima de tener pocos niños, a ver si no van a dar el nivel.
- Si otro estudio ratifica las posibilidades del agua termal de As Burgas, ¿qué clase de plaga afecta a la ciudad para no ser capaz de aprovecharlas?
- ¿Realmente pintar la pasarela de Outariz, que le hace falta, es lo mejor del fondo de armario municipal para el termalismo?
- ¿Quién diseñó la marquesina de la estación de tren, si no es eficaz ni bajo el sol ni cuando llueve?
Mira tú las expresiones de los chavales el primer día de cole. Y es que hay cosas que no cambian aunque se sucedan las generaciones. Piense en su experiencia y contrástela con lo que ve en la actualidad, notará que hay cosas que coinciden, sobre todo la importancia del docente, que suena administrativo, pero que será siempre la profe, el profe, la seño... ¿En qué momento dejamos de llamarles maestros? Su maestría manejando el barro sin forma en el torno hasta sacar de la materia inerte una pieza o una obra de arte es un don que solo adorna a un selecto grupo de personas. Les encomendamos lo más preciado, los niños, para que vayan creciendo física e intelectualmente. A cambio, estoy seguro de que les recordarán y respetarán toda la vida. Como hemos hecho todos, aunque siempre hay quien nos hizo pasar las de Caín, no siempre para bien. Por mí, algunos quedan absueltos. Mira tú.
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