Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Lo que está sucediendo en este país en los últimos tiempos no es normal, no lo es. La última del “sanchismo” ha sido registrar en el Congreso de los Diputados una proposición de ley para hacer frente “al acoso derivado de acciones judiciales abusivas”. Traducido: una ley a la carta que, presuntamente, está diseñada para “casos con nombre y apellidos”, tal como manifiestan y rechazan absolutamente todas las asociaciones de jueces en España. Y es que, citando literalmente a la presidenta de la Asociación Profesional de la Magistratura: “Los jueces son independientes y están obligados a serlo, pero la norma, a lo mejor, no pretende preservar esa independencia del juez y su imagen de independencia, sino otra cosa muy diferente”. Pienso y creo que para reflexionar, como mínimo.
Nos están llevando al límite. Estos nuevos sembradores del odio nos están llevando al límite de la confrontación, del rencor, y de la división al conjunto de la sociedad española. Todo ello acompañado de tics totalitarios que, guste o no, son calcados al régimen dictatorial de Venezuela. ¿Está siguiendo el sanchismo los mismos pasos destructivos de Nicolás Maduro, pero en nuestra España? Cada cual que se responda a esta pregunta, pero mi conclusión es cristalina de hace tiempo.
Y no, el comodín de Franco ya no funciona. Después de su primer intento, y fallido acto, de resucitar a Franco y el lado oscuro como intento de amedrentar a la ciudadanía, pues únicamente han conseguido la más total y absoluta indiferencia de la práctica totalidad de la sociedad española, memes cachondeándose de esta tropa en redes sociales y se acabó. Ni siquiera la forzada movilización de los medios de comunicación afines consiguió ningún efecto. Y el problema es que estás dantescas parafernalias son a cuenta de los dineros de nuestros impuestos. ¡Y ya está bien! Que lo paguen de sus nóminas y de sus bolsillos y dejen nuestros dineros para lo que deben ser, que ya estamos hastiados de ser los pagafantas de las ocurrencias de Pedro Sánchez y su cohorte de abrazafarolas y palmeros.
Estos nuevos sembradores del odio nos están llevando al límite de la confrontación, del rencor, y de la división al conjunto de la sociedad española
Lo que sí es una amenaza para la democracia, sr. Pedro Sánchez, son los políticos y gobernantes intervencionistas que arremeten contra la libertad, los contrapesos independientes, vetando, cancelando, prohibiendo e intentando silenciar la propia libertad, imponiendo un libertinaje totalitario encubierto de un presunto buenismo.
Así que no pierdan su tiempo, y nuestros dineros, en intentar resucitar cadáveres de hace medio siglo intentando amedrentar a no sé quiénes y con qué opacos motivos. Y si realmente tienen tanto tiempo libre como para dedicarse a estos menesteres, vayan entonces a emplearlo limpiando el barro de su pésima gestión en los municipios asolados por la dana, seguramente se lo agradecerán más.
La penosa realidad es que este es un turbio capítulo más de los episodios nacionales que aún restan por escribir sobre una de las peores y más denigrantes etapas de la historia de España. Pero de todo se sale... y del sanchismo también.
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