Chicho Outeiriño
DEAMBULANDO
En bici por la boscosa contorna
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Un mayo que marceó, en las postrimerías se plantó en el más riguroso de los estíos, para entrar en junio con parecido brío. Con este panorama salir a pedalear, para mañaneros madrugadores.
Uno, modesto y asistido de eléctrico motor, pedaleó por la más penumbra que claros, amparado del ardiente sol por la tanta explosión arbórea surgida de otoñales y primaverales lluvias donde los gigantes vegetales han experimentado como un estirón y aumento de follaje, de lo que beneficiarios los humanos y los canoros pájaros. Auténticos túneles vegetales por los que apenas se filtran solares rayos te van amparando en el mismo camiño de Barbadás y en metiéndote en el lugar del Rosal ya carballos, pinos, fresnos, abedules y algún castaño al despiste te van cubriendo como por un túnel hasta el despeje de Sobrado do Bispo donde pasarás por Alén, A Viña, sí con algún vecino al fresco y con operarios en restauración de media docena de casas. Son las 6 de la tarde; más a esta hora, si pedaleas por debajo de 12 km/h., te acosarán los mosquitos o esas diminutas moscas cojoneras que como protegidos los ojos por gafas revolotearán en torno a tu rostro sin libar de tus lacrimales.
Apareciendo la cima, talada por el oriente de toda su pinar masa, el castro de Trelle, excavación por etapas, cutres por escaso presupuesto. Cesa la subida para lanzarte serpenteando entre carballos salpicados de alcornoques por el emboscado poniente, dejándote caer por Sabucedo y pistas de la concentración parcelaria, domeñadas por las hierbas. Parada de unos minutejos para atrapar algunas cerezas aun no en sazón. Unos pocos pedaleos hacen que te deslices hacia las Ellas, que dos son, la de a Cima y de Abaixo, cuando casi que vecinas más al noroeste las de Gueral da Cima e de Abaixo, que en estas aldeas aun vecinos moran; más arriba, en Espiñoso, una importante fábrica de maderas, mejor dicho, aserradero, de unos lejanos parientes, creo. En campo de público uso, orillando, unas cerezas de ningún uso de vecinos de las que libación para aliviar las sequías de nuestras bocas, más empleadas que las portadas aguas. No apretaba Febo más que en recientes días donde riguroso; la marcha placentera se hacía dejando atrás Pazos, Muntián, Augalevada, As Marabillas que aun olía a festejos con tiovivos y tómbolas, restos de un horizonte festero más allá de las madamitas. Sigo por As Pías, que más habitación que aldeas del entorno, por algunos chalets en sus márgenes, en esa plana donde aún impera la sirena de una cerámica que poderosa fue y que recuerda el comienzo y salida de sus muchos operarios, y donde la población estable aumentada por la revitalización de unos chalets adosados de una urbanización de las pocas paralizadas, luego vendidas, lo que que permite hasta dos cafeterías funcionando, aunque más una, que otra, de cierta intermitencia.
Una aldehuela anexa, la de Bouzas, te recuerda el paso con atención para no enredarte con unas asustadizas gallinas. Aparece Parderrubias, que Parada das Rubias por ser estación o apeadero de carruajes de paso a Celanova, y por el color de sus tierras, hoy casi todas a pradería de una ganadería de muchas pastantes vacas. Más adelante, ni solar de un edificio, a panadería y morada, derribado por hallarse a la vera de un regato, y, por tanto. en zona inundable. Casi la única demolición por ley que uno haya visto en su vida. Un vivero sobre un enorme relleno que modificó el paisaje, parece como si testigo del abuso humano sobre el paisaje. Por entre los dos Loiros de Arriba y Abajo, que realmente son A Laxe, Rego, Outeiro, parada para saborear, de las ramas pendientes a camino, cerezas aún inmaduras. Una pequeña subida te transporta a la parte alta de Bentraces donde se han levantado moradas de campo de tanta permanencia como asueto.
Así que no queda otra que precipitarse por pista irregular hacia Pontón, de Barbadás, y rematarla pasada Vilaescusa cuando una hermana, que vive inmersa entre una explosión de adelfas blancas y rojas, pasmada por tanto esplendor botánico, te recibe con un: ¡Éste es el año de las flores!
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