Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Lo importante es encontrarle un nombre atractivo, preferentemente en inglés, mezclar conocimientos antiguos y muy normales con alguna práctica novedosa y una buena campaña de marketing global para lo que siempre hay gente dispuesta a colaborar y otros incautos en creerlo y que se monte un negocio de millones de euros. Algo tan pedestre como aspirar al bienestar físico y mental se llama desde hace unos años wellness y tiene muchas asignaturas diferentes según se aborde el cuerpo o el alma. ¿Hay alguna novedad en que las personas traten de buscar su bienestar? Ninguna porque esa ha sido una de las preocupaciones tradicionales de la humanidad. Ahora darse un “baño de bosque”, que consiste en pasear por el campo y en abrazar árboles, entre otras cosas, es una de las cumbres del wellness, lo mismo que comer sano, el turismo del bienestar, la salud por el agua que ya practicaban los romanos, o la actividad física y los cuidados personales. Todo mezclado y bien envuelto es weellnes. A priori algo inofensivo y saludable, siempre que no se abandone la medicina preventiva que ofrecen los sistemas públicos de salud.
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