Manuel Orío
RECORTES
Vozinha y las diferencias
Este artículo es un disparate, pero acogiéndome a la paciencia de mis lectores ahí va. La vida es un puro disparate ¿no?
La semana pasada estuve en Santiago, en el cumpleaños de unos amigos que además inauguraban un local esos mismos días. Un local de copas. Algo frívolo e intrascendente, parece ser. Un sitio para tomar algo, charlar, oír buena música y sobre todo para bailar. Yo, que soy un bailarín nefasto, he creído siempre que la danza es la máxima expresión de la cultura humana. Por eso envidio tanto a quienes bailan bien.
Pero a mí el local me dio que pensar otras cosas. Se llama Bloom, "floración" en inglés. La palabra se refiere obviamente a las flores aunque en algunas novelas, como en "Sentido y Sensibilidad", Jane Austen la emplea para describir a la guapa y jovencita Harriet Smith y ahí, en las ediciones en español, "bloom" se suele traducir elegantemente como "lozanía".
Bloom además, aparte de ser el apellido del protagonista del "Ulises" de Joyce también es el apellido de Harold Bloom, un crítico literario americano de origen askenazí, profesor en la Universidad de Nueva York. Bloom ya era un autor reconocido por sus estudios sobre el romanticismo inglés cuando se hizo famoso en los noventa al publicar su criticado "Canon Occidental", en el que relacionaba los veintiséis autores imprescindibles de nuestra cultura: Shakespeare, Dante, Borges, Neruda, Cervantes, Pessoa, Whitman, Proust... No los voy a poner todos porque sería excesivo. Si les interesa lean ustedes el libro, es una maravilla.
En su momento las críticas a Bloom vinieron especialmente porque articulaba su ensayo alrededor de la figura de un único autor, William Shakespeare. Bloom considera a Shakespeare superior a todos los demás, lo que le valió muchos reproches como "es un canon anglosajón que excluye a otras culturas" y otros parecidos.
Como lector español me siento más cerca de autores como Borges, Cervantes, Lorca, etcétera. Pero según Virginia Woolf, en realidad la crítica literaria es una declaración de amor a la literatura y yo la declaración de amor más hermosa que conozco, he oído o leído jamás, es casualmente una de Shakespeare. Aquella en que Julieta la tarde que precede a la noche del balcón, sola en su cuarto, sale constantemente a ese balcón deseando que llegue la noche para reencontrarse con Romeo. El sol no se pone y eso aumenta aún más su ansiedad. En la última salida ya no puede contenerse e increpa furiosa al día: "¡Vete día. Ven noche. Ven tú Romeo, día en la noche. Pues sobre las alas de la noche parecerás más blanco que la nieve recién posada sobre un cuervo!".
Ya sé que el Bloom de Santiago no tiene mucho que ver con esto salvo porque también se anima de noche, claro. Pero como dije arriba, la vida es un disparate. Vayan al Bloom, tómense una copa y olvídense de cuanto acaban de leer ahora. Y sobre todo, eso sí, bailen.
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