Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Nicolás
Es un hecho contrastado que Vladimir Putin es un gran amante y fervoroso cultivador de símbolos. Es lógico, Rusia es un país simbólico, cargado de brumas y de leyendas, de largas montañas frías y misteriosas a la par que de interminables llanuras nevadas. Y al fondo de este variado paisaje vemos instalado un poder tenebroso de límites inciertos.
A las pocas horas de la entronización de Trump como presidente de los Estados Unidos, cuando firmaba a voleo en las pistas de un espacio deportivo, un periodista le preguntó que papel jugaría España entre los países periféricos de su administración. Trump no sabía dónde estaba políticamente España, pensaba que formaba parte del club de países conocidos como los Brics y también Sur Global. La duda quedó en el aire. Ignoramos si desconocía donde está España o cual era el contenido del acrónimo Bricks.
Hace quince años, a iniciativa de Vladimir Putin, aunque el presidente de Rusia, en aquel momento, era su valido Dmitri Medvedev, se reunieron en Ekaterinburgo, la cuarta ciudad más poblada del país y donde fue asesinado el zar Nicolas II y toda la familia imperial, poniendo fin al imperio zarista. Ahí quiso Putin reunir y poner en marcha un club de naciones destinado a erosionar y derribar lo que calificaba como imperialismo Occidental, aprovechando la crisis financiera que hundiendo sus raíces en Nueva York se extendió por todo el mundo en el año 2008. Creaba este club para enfrentarlo al G-8, donde están las seis mayores economías occidentales, mas Japón y Rusia, que poco después fue excluida del grupo.
Los primeros países que formaron parte del nacimiento del club fueron: Brasil, Rusia, India y China. Con las primeras letras del nombre de los países se formó el nombre de Bric que le dio un analista de Goldman Sachs, más tarde con la adhesión de Sudáfrica, al Bric inicial se le añadió una S y por eso ahora se conoce como Brics, aunque la denominación más frecuente empieza a ser “Países del Sur Global”. La denominación designa a los países emergentes más prometedores del comercio mundial. A esa reunió al pie de los Urales asistieron Dmitri Melvedev, Vladimir Putin, el brasileño Lula, el primer ministro indio Manmohan Singh y el presidente chino Hu Jintao. Como pueden ver un paisaje cromático muy diversom e incluso llamativamente estridente. Difícil de ensamblar, pero representantes de unas realidades insoslayables. Suman el 25% de las tierras habitadas, el 40% de los habitantes y el 15% de comercio.
Lula dijo que estos países emergentes habían contribuido ampliamente a superar la crisis económica. Con los hidrocarburos rusos, los servicios de la India, la agricultura brasileña y la capacidad manufacturera de China. Las cuatro economías parecen complementarias, pero solo aparentemente, si analizamos el conjunto en profundidad, vemos que no. El PIB chino suma lo que el de los otros tres juntos. Hay entre ellos muchas diferencias sobre como afrontar los grandes desafíos mundiales como la gobernanza, la reforma de FMI, el cambio climático y especialmente las políticas monetarias. Los rusos soñaron y Medvedev lo dijo, que en los nuevos parámetros económicos el rublo debía sustituir al dólar, porque el dólar en la crisis de 2008 no supo jugar el papel de moneda de reserva. Los rusos esperaban que los participantes apoyaran la creación de una nueva moneda como divisa internacional. La idea fue acogida con escepticismo. Lo que en el fondo significaba un claro rechazo.
En el comunicado fundacional de aquella cumbre se limitaron a escribir: es preciso estudiar la reforma de las instituciones financieras mundiales. Un desiderátum que ahora, quince años más tarde, sigue durmiendo el sueño de los justos. En cambio, lo que si se viene cumpliendo es la reunión anual de sus miembros. El club creció rápidamente con la incorporación de Sudáfrica, aunque las divergencias entre ellos sean cada día mas notables, por eso nos sorprende su crecimiento. En enero del año pasado entraron en el club países como Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Etíopía por lo que el grupo cuenta ahora con los cinco países primeros productores de petróleo. No cabe duda que el grupo tiene un gran atractivo para muchos países. A día de hoy, una cuarentena de países están llamando a la puerta para entrar.
Los primeros países que formaron parte del nacimiento del club fueron: Brasil, Rusia, India y China
A pesar de todo, Vladimir Putin no ha conseguido transformarlo en estandarte de la resistencia anti Occidental. El logro más importante de política financiera ha sido la creación del Nuevo Banco de desarrollo (NDB) con el fin de apoyar los proyectos de infraestructuras en lod países del Sur Global. Actualmente China e India lideran todas las estrategias del Grupo, Rusia ha perdido su papel preponderante por la invasión de Ucrania. El discurso radical de Putin que trata de convertir a los Brics en un anti-7 es rechazado por la mayoría de los miembros fundadores. Varios de los miembros están envueltos y enfrentados en conflictos bilaterales.
Las relaciones entre India y China están envenenadas desde hace años por enfrentamientos fronterizos en el Himalaya. Etíopía y Egipto mantienen un largo litigio por el reparto de las aguas del Nilo. Rusia e Irán mantienen una posición muy beligerante contra Occidente, mientras China, India y Brasil optan por políticas de entendimiento y cooperación. Es evidente que estos países tienen pocas cosas en común, de señalar alguna yo diría que lo único que les une es la lucha por un reequilibrio del orden económico mundial. Hay una realidad en el primer cuarto del tercer milenio, con ligeros matices podemos afirmar que Occidente continua dictando el tiempo y el espacio por los que se rige el mundo a través del calendario gregoriano, las longitudes y los usos horarios articulados por Greenwich, el sistema métrico heredado de la revolución francesa, la justicia basada en el derecho romano y en la common law. Es decir, la vieja Europa todavía sigue siendo el gozne sobre el que gira el mundo. Este universalismo Occidental lo denuncian con frecuencias los Brics. China dice con frecuencia y en varios tonos que nos existen los principios universales y que Occidente formula de manera individualista los derechos del hombre. Los adversarios de Occidente exhiben con frecuencia este relativismo cultural, ya que venden armas al mundo entero y dejan a millones de emigrantes morir ahogados en el Mediterráneo.
La llegada de Trump al poder con una devastadora política de expansionismo imperialista está contribuyendo a un rearme de los Brics para fretarlo, pero no solo de los Brics también de la vieja Europa. Desde que llegó a la Casa Blanca Trump esta desarrollando una frenética actividad enloquecida que nos puede llevar a un caos de violencias insospechadas. Su última ocurrencia locoide es afirmar y llevar a la practica la expulsión de los más de dos millones de gazatíes de la Franja, enviarlos a Egipto y a Jordania y construir en ese espacio actualmente desbordado de escombros y muerte, resorts de lujo al estilo de la Costa Azul francesa y la Riviera italiana.
El pueblo palestino se convertiría de nuevo en condenado de la tierra como le calificó Fran Fanon, Trump está claramente a favor de una limpieza étnica y un crimen de lesa humanidad, le da lo mismo. Todo lo humano le es ajeno. Esta trágica idea la formulo en su despacho delante del primer mnistro israelí, Bibi Netanyahu que sonreía encantado. Con esta propuesta infame se descartaba la teoría de los dos estados que se viene planteando como solución del conflicto desde los acuerdos de Oslo de principios de los noventa.
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