Al Brown, o la soledad del artista del ring

SUEÑOS DE OLIMPIA

Publicado: 09 mar 2026 - 04:20
El boxeador Al Brown,  entrenando en el gimnasio que rara vez pisaba.
El boxeador Al Brown, entrenando en el gimnasio que rara vez pisaba. | La Región

El primer campeón mundial de boxeo de origen hispano fue tan despreciado en su tiempo como olvidado en el presente. Alfonso Teófilo Brown (1902-1951) excepcional y elegante peso gallo (entre 52 y 54 kilos) fue un bailarín, dentro y fuera del ring.

Dentro del cuadrilátero, en una época de púgiles pétreos y estáticos, Al Brown se deslizaba entre las cuerdas. Mantenía a sus rivales a la distancia de sus interminables brazos, era un maestro de la esquiva -nunca cayó por K.O.- y poseía una derecha fulminante, definitiva.

Un estilo del gusto de los puristas pero repudiado por una masa sedienta de sangre. En el siglo XX el boxeo era religión y sus aficionados, legión. Brown no humillaba ni castigaba a sus rivales -salvo al racista Eugine Huat-e incluso prolongaba los asaltos, a petición de los promotores, para no finiquitarlos en unos segundos. Esta renuncia a la tortura, agravada por su negra piel, exasperaba a quien concebía un combate a vida o muerte.

Un ritmo devorador de dinero, de más combates. Disputó hasta tres en una semana, una locura. Explotado por representantes sin escrúpulos, atrapado en una rígida legislación y esclavo de sus costosos vicios. Solo ante los demás. Solo ante sí mismo.

Las cifras varían entre 123 y 131 victorias en su carrera, 18 derrotas y quizá 10 empates. Invicto entre 1929 y 1935. Entre 9 y 11 veces campeón mundial, según diversas fuentes. Un palmarés que hubiese sido mejor si además de boxeador fuese deportista.

Porque “Panamá” Al Brown apenas pisó el gimnasio, una vez asimilados los secretos del oficio. Vivió de noche, en interminables fiestas, regadas con champán, tabaco, partidas clandestinas y opio. Rodeándose de artistas y famosos.

Un ritmo devorador de dinero, de más combates. Disputó hasta tres en una semana, una locura. Explotado por representantes sin escrúpulos, atrapado en una rígida legislación y esclavo de sus costosos vicios. Solo ante los demás. Solo ante sí mismo.

“La vie en rose” con Cocteau y la decadencia

El poeta francés Jean Cocteau, con una sombrilla, y a su izquierda, Al Brown.
El poeta francés Jean Cocteau, con una sombrilla, y a su izquierda, Al Brown. | La Región

En 1936 “Panamá” Al Brown era un milagro en el ring. Su estado físico era lamentable: tuberculoso, sifilítico, artrítico, alcohólico… la novocaína tapaba los dolores de un puño derecho fracturado. El opio, su ansiedad y frustración. En su esquina del ring no había agua, sino champán.

Había perdido el título mundial contra el español Baltasar Sangchili, si bien ostentaba el de rey nocturno de París. Entonces conoció al poeta y dramaturgo Jean Cocteau.

Los Toros y el Boxeo siempre cautivaron a los artistas. Ambos vivieron una apasionada relación. Cocteau fue su amante y apoderado. Le convenció para desintoxicarse, cambiar el champán -al menos por gaseosa-, retomar su carrera con dignidad y retirarse en la cúspide.

Pero la felicidad no duró mucho. Cocteau se enamoró del actor Jean Marais y la relación se truncó. La Segunda Guerra Mundial se precipitó y Brown huyó de París. Había prometido a Cocteau retirarse en el año 1939, pero el poeta, el dinero y las promesas desaparecieron.

Entrenado a fondo por Bob Robert, subvencionado por Coco Chanel, protegido por Cocteau, Al Brown recuperó la forma física y el título Mundial.

Pero la felicidad no duró mucho. Cocteau se enamoró del actor Jean Marais y la relación se truncó. La Segunda Guerra Mundial se precipitó y Brown huyó de París. Había prometido a Cocteau retirarse en el año 1939, pero el poeta, el dinero y las promesas desaparecieron.

Vagó entre Cuba, Panamá y Estados Unidos. Alternó combates decadentes de boxeo con trabajos como bailarín, lavaplatos, camarero o incluso policía. El dinero nunca duró en sus manos y terminó durmiendo en un banco de Central Park.

Una mañana de 1950 la policía de Harlem lo encontró inconsciente, entre la basura. Falleció unos meses después. Se cuenta que sus colegas alcohólicos portaron su ataúd en un recorrido de bar en bar. Último tributo a una leyenda, dentro y fuera del ring.

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