Buscando la unidad desesperadamente

Las claves

Publicado: 21 abr 2025 - 06:50
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la líder de Sumar, Yolanda Díaz, en el Congreso.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la líder de Sumar, Yolanda Díaz, en el Congreso. | EDUARDO PARRA

Moncloa y Ferraz han tocado a rebato: Hay que conseguir, como sea, la unidad de los partidos situados a la izquierda del PSOE. De no lograrlo, la posibilidad de Pedro Sánchez de continuar al frente del Gobierno después de las próximas generales, sean cuando sean esas generales, serán mínimas. En el PP en cambio no pueden tocar a rebato por la unidad con Vox, el único partido de entidad con el que podrían gobernar si no alcanzaran por sí mismos la mayoría necesaria, porque al menos ahora esa unidad no le interesa a Feijóo ni a la mayoría de los que dirigen el PP. En el futuro, ya se verá. Dependerá de cómo y de cuándo.

A Sánchez no le salen los números. Ha perdido apoyos y además algunos de los socios que hasta ahora no le han fallado ya se muestran reticentes. Puede ser estrategia electoral, pero hay casos como el de Podemos, donde es creciente la animadversión hacia Pedro Sánchez.

Por otra parte Sumar vive una situación de baja aparentemente irremediable. Su todavía líder, Yolanda Díaz, ha ido de torpeza en torpeza, tomando decisiones que se advertía a la legua que eran destructivas. El desprecio a Irene Montero y su negativa a hacerle hueco en las listas al Congreso, provocó que después de muchas peripecias Podemos abandonara Sumar, y además tomara el “mal hábito” de no apoyar las iniciativas parlamentarias del Gobierno.

LA EXTREMA IZQUIERDA, A TORTAS

Sánchez ha dado instrucciones a los suyos de que tanteen el terreno para ver si es posible esa unión que tanto desea, pero los datos que le llegan es que Podemos sigue empecinado en dejar de lado a Yolanda. Confesaba un sanchista que conoce bien al presidente, que al propio Sánchez le gustaría prescindir de Yolanda Díaz, que solo provoca problemas. Las relaciones de ella misma con sus ministros no son especialmente buenas, pero además al presidente le incomoda el empeño de Yolanda Díaz en marcar posiciones contrarias a las del Gobierno al que pertenece, empezando por su llamamiento a que España abandone la OTAN.

Un sector importante de Izquierda Unida aboga por abandonar Sumar. Como ocurre también a En Común, y a Más País, el partido creado por Errejón y que solo tiene presencia importante en Madrid, aunque pierde peso. Mónica García, ministra de Sanidad, no logra entusiasmar a la militancia, nunca fue un referente en el partido. Lo era Errejón, y su renuncia por un caso de presunto abuso sexual, ha dejado muy hundida a la militancia y probablemente tendrá repercusión en los votantes.

“Sánchez ha dado instrucciones a los suyos de que tanteen el terreno para ver si es posible esa unión que tanto desea”

El único apoyo seguro en el Congreso con el que hoy cuenta Pedro Sánchez es el de ERC. También le apoyan el BNG y Bildu, pero en cambio sufre con Junts, porque su líder Carles Puigdemont ha puesto fecha a la continuidad del apoyo: el mes de junio. Si ese mes no ha arrancado a Sánchez la aplicación de la amnistía a su persona -Sánchez presiona todo lo que puede a Conde Pumpido para que el TC dé luz verde- y además no consigue que el catalán sea lengua oficial en la UE -Albares trabaja full time para ello- en septiembre Junts romperá la baraja. No es un partido que formaría parte de la unidad de la izquierda que busca Pedro Sánchez porque es políticamente conservador, pero Puigdemont le preocupa más que el resto de los partidos juntos. Porque Puigdemont no cede. No es de los que guardan las cartas hasta el último minuto. No cede y sus exigencias llegará un punto en que, por ilegales, Sánchez no podrá asumir.

EL FICHAJE DE FEIJÓO

En el PP, un sector defiende con uñas y dientes que se busque algún tipo de acuerdo con Vox, que se visualice que coinciden en lo fundamental. Feijóo sin embargo, siempre más cómodo en posiciones centristas, se resiste. Y no es el único en el partido.

Al contrario de lo que ocurre en el PSOE, que quiere la unión -al menos electoral- de los partidos situados a su izquierda para no dividir el voto porque la aplicación de la Ley ´Hont castiga a las listas mayoritarias, Feijóo sabe que en el caso del PP ir de la mano del Vox castigaría a su partido. De hecho, si en el 2023 no tuvo lo que auguraban las encuestas fue en buena parte por la campaña del PSOE de que votar al PP equivalía votar a Vox. Y nadie en Génova vio la necesidad de exigir a los barones que estaban pactando ya con Vox sus gobiernos regionales y municipales -se habían celebrado elecciones unas semanas antes con gran éxito del PP- que aplazaran los acuerdos hasta que se celebraran las elecciones generales de julio.

Después de esa experiencia el PP debe andarse con cuidado con Vox. Ha comprendido, con dolor, que los españoles aceptan que los socialistas pacten con un partido como Bildu, que desciende de una banda terrorista, o con un partido de extrema izquierda radical como Podemos, o con independentistas, pero rechazan a un partido de centro derecha que llegue a acuerdos con la extrema derecha.

Vox además ha hecho méritos para que se incremente la animadversión hacia su partido. Más radicalizado que hace dos años, se han ido los mejores precisamente por no aceptar el radicalismo; mandan personas de escasa talla política y exceso de intolerancia, y se han aliado en Europa con el húngaro Orban, cuya negativa a asumir las reglas y normas aprobadas en la UE ha provocado que en Bruselas se planteara seriamente la expulsión de su país. Orban es además aliado leal de Putin, que no es la mejor carta de visita en estos momentos. Y Abascal se ha convertido en el más firme aliado de Donald Trump y sus políticas … que tampoco es la mejor carta de visita.

Hace unas semanas Feijóo ha logrado algo que buscaba sin éxito desde hacía meses: el fichaje del analista política y experto en estrategia electoral Aleix Sanmartín, que trabajó con éxito para Juanma Moreno y para el catalán Xavier Albiol. Fue contratado por Sánchez hace dos años, y finalmente ha aceptado la oferta de Feijóo.

Cuenta también con experiencia importante con diferentes candidatos latinoamericanos, de izquierdas y de derechas, y ahora lo hará para el PP. Es un profesional, e independientemente de que pueda tener éxito cuando se celebren las próximas elecciones, al menos ha comprendido Feijóo que la estrategia política es clave en un partido. Como bien saben algunos dirigentes del PP, empezando por Isabel Ayuso.

Más que unidad de la derecha, lo que busca Feijóo es lograr los escaños suficientes para no necesitar a Vox en el Gobierno. Quizás en la investidura, pero su objetivo es gobernar sin necesidad de coaliciones. Por otra parte, tiene algún partido más a tener en cuenta: Coalición Canaria -cambiante- Unión del Pueblo Navarro, con el que en alguna ocasión el PP ha compartido lista … y la incógnita del PNV, que acaba de cambiar de presidente y donde un sector relevante quiere marcar distancias con el sanchismo como fórmula indispensable para ganar el terreno que ha perdido frente a Bildu.

Todo es una incógnita en la política española, entre otras razones porque ni siquiera se sabe cuándo y cómo va a acabar la legislatura y si Sánchez va a aguantar los embates de corrupción que afectan a su círculo más próximo. Pero sí se detesta un síntoma claro: la coincidencia en la sociedad de que España era más estable, más fuerte, con dos partidos sólidos y media docena de partidos minoritarios. Un nuevo Congreso con casi veinte partidos dispuestos a apoyar a quien le hace más concesiones y asume sus exigencias, es fórmula segura para que los españoles vivan peor y haya menos respeto a las leyes y a la Constitución.

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