Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
El chalecito anónimo de Marcelo Macías
TRIBUNA
En los años cuarenta del pasado siglo el tramo de la carretera Villacastín- Vigo a su paso por Ribadavia estaba plenamente consolidado como parte de la villa.
La burguesía construyó allí sus viviendas y el comercio ocupó sus bajos con cafés, tiendas y fondas. De este modo en ambas aceras se sucedían las oficinas financieras Banca Nogueira y el Banco Pastor; los dos cines llamados España y Principal; las dos sociedades recreativas Club Artístico y La Peña; las dos farmacias popularmente conocidas como la de don Darío (Vázquez Campo) y la de don Carlos (Sánchez) junto con las dependencias de la telefónica y telégrafos. Todo ello hizo de este vial una zona de gran actividad que se convirtió en el escaparate de la población. Sin embargo junto a los edificios de nueva planta, permanecían viejas edificaciones de madera que desentonando del conjunto, eran solicitadas para talleres, churrerías y figones.
En el solar donde el desaparecido Banco Pastor inauguraría en 1960 sus dependencias, se encontraba una de estas construcciones que en 1941 colgó el letrero que anunciaba Café Bar “La Lira”: Era el homenaje que sus propietarios Evencio Estévez, músico, y su esposa Elena Formigo, cocinera, ambos de Beade, rendían a la banda de Ribadavia donde tocaba el nuevo hostelero. La publicidad del momento resaltaba su Excelente Cocina y Comidas a todas horas.
Allí permaneció hasta mediados los cuarenta cuando la esquina de la casa de d. Jesús, situada metros más abajo quedó libre. Dicho local habitado desde finales del s. XIX por su óptima situación, albergó primeramente una concurrida Casa de Cafés como se llamaba entonces a estos establecimientos; le seguiría en 1925, la Droguería-Medicinal e Industrial con Perfumeria de Carlos Sánchez; en los años treinta y ocupando el bajo en su totalidad, estuvo el célebre Café Carrera que contaba con su propia orquesta, y posteriormente fue la sede del centro de enseñanza Akademos de d. Bernardino Graña. Tras su traslado avanzados los cuarenta, serían Evencio y Elena ahora con sus hijos Elenita y Cholo, sus inquilinos. El renovado espacio que estrenaba equipamiento y servicios se llamó desde entonces Café- Bar Evencio.
En un principio el edificio contaba solamente con el bajo comercial y el primer piso, donde a la sazón estaba la sociedad La Peña, cuya cafetería fue durante un tiempo atendida por personal del Evencio. Paralelamente se servían en sus salones todo tipo de banquetes: La cena de Las Candelas, los cocidos de carnaval, comuniones e incontables bodas, siendo la de Pili García e Ito Valeiras la última que se realizó en La Peña. Las esperadas Cenas Americanas amenizadas con orquesta, ponían el glamour en las fiestas del Portal.
Mediados los cincuenta cuando el inmueble adquiere la altura actual, Evencio alquila un piso para albergar una fonda, donde pernoctarían durante sus giras entre otros, Antonio Machín y Estrellita Castro. Años más tarde en un edificio de su propiedad, levantado en el entorno de La Oliveira, se ampliaría el servicio de hospedaje. Es ahora cuando el ribadaviense Arturo García Freijido entra a formar parte de la plantilla, en donde permanecería a lo largo de su vida laboral, lo mismo que José Luis Iglesias quien con posterioridad reforzaría el equipo hostelero.
El negocio fue adaptándose a los tiempos siendo el primer café de Ribadavia que tuvo televisión, y la máquina toca-discos. También fue en sus estancias donde se institucionalizaron las queimadas, oficiadas por los santones del galleguismo de postguerra que visitaban la villa. Su interior fue modificado cambiando en dos ocasiones la barra de sitio, pero manteniendo sus ventanas en una de las cuales la leyenda urbana situaba a Sofía Loren, Frank Sinatra y Gregory Peck tomando su café durante un descanso del rodaje de Orgullo y Pasión, que en 1957 se filmaba en tierras de Arbo y La Cañiza, leyenda que el propio Evencio desmentía categórico. Su añorada terraza fue el punto de encuentro y referencia de quedada: en la esquina del Evencio… Allí, siempre petada, ejercían su actividad los limpiabotas locales, y el célebre “Morito” disfrutaba de un asiento propio.
Pero como un signo de los tiempos e igual que en la canción de Sabina, fue una sucursal del Banco Hispano Americano quien ocupó el Evencio, que se había trasladado en 1977 al entorno de La Veronza donde prosiguió y acrecentó la empresa. Fueron años de intensa actividad comercial y constructora que se materializó en un edificio qué junto con las instalaciones propias del sector de la restauración, alberga dos salones con capacidad para 250 asistentes y un hostal con 41 plazas, todo ello en un recinto ajardinado y con piscina.
En las décadas siguientes el restaurante se desdobla trabajando en Avión, a donde puntualmente se trasladan personal e infraestructuras para organizar banquetes que alcanzaban los 300 comensales. Años llenos de dinamismo e intenso trabajo que Cholo recuerda con cariño y agradecimiento, para todos los vecinos de la comarca de Avión. Reconocimiento que extiende al Ribeiro y sus gentes, a toda su clientela en general cuya concurrencia le permitió llegar hasta el 2020 cuando cerró Café- Bar Evencio.
La presente imagen gentileza del Museo Etnolóxico, nos muestra en la terraza del Evencio a unos clientes qué junto a su titular, formaban parte de la atmósfera del local; de izquierda a derecha: Gil Juste, Evencio, Jaime Paz y Emilio Davila. Finalizaban los sesenta y muy atrás quedaba aquel anuncio que en las fiestas de san Pedro un músico de Beade que tocaba el trombón de pistones, publicitaba su mercancía con un toque musical: Con la afinación de la banda se sirven los mejores vinos del Ribero. Café Bar LA LIRA. Teléfono 46. Ribadavia.
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