La guerra

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 03 mar 2026 - 04:10
Opinión en La Región
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Que la guerra es la política por otros medios nos lo advirtió, hace dos siglos, el oficial prusiano e historiador, Von Clausewitz. Conviene recordar estas cosas básicas para no esbardallar demasiado a cuenta de los desastres que, día sí y día también, nos sobrecogen el ánimo y la razón. Es tan fácil caer en la tentación de imaginar que Trump, Putin, Netanyahu o Alí Jamenei son tan intrínseca y absolutamente malvados, que perdemos la oportunidad de darnos el secreto placer de encontrar alguna motivación, moralmente aceptable, en sus comportamientos.

Despreciados los foros multilaterales, pisoteado el derecho internacional y hasta los derechos humanosqueda la descarnada exhibición de la fuerza

Quienes caemos en la soberbia de sentar cátedra sobre las motivaciones racionales, políticas, tras las acciones de nuestros gobernantes, no podemos por menos que tratar de adivinar qué mueve y qué justifica, por ejemplo y sin ir más lejos, los actuales ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán. El citado Clausewitz recurría al odio, inoculado en el pueblo; al cálculo, patrimonio del juego de los militares y a la inteligencia, ámbito de la política, como la trinidad imprescindible tras cualquier guerra moderna. En los ataques sobre Irán no será fácil encontrar una especial motivación en el pueblo americano. Ha pasado demasiado tiempo del secuestro en Teherán, precisamente por la Guardia Revolucionaria, de aquellos funcionarios de la embajada norteamericana. Parece, más bien, un favor que Trump desea hacerle a su amigo Netanyahu: liquidar la gran amenaza que, desde hace décadas, ensombrece el ánimo de Israel. Un regalo a su principal aliado en Cercano Oriente y un impulso a las propias expectativas electorales del próximo noviembre: ante sus desconcertados seguidores de MAGA, que creyeron en el fin de las intervenciones militares en el extranjero, y ante la numerosa e influyente comunidad judía de los Estados Unidos.

Despreciados los foros multilaterales, pisoteado el derecho internacional y hasta los derechos humanos; arrinconada la diplomacia y la disuasión, queda la descarnada exhibición de la fuerza, la amenaza y el chantaje constantes, la imposición unilateral de conveniencias e intereses. Llegados a este punto de subversión de las convenciones en política exterior, surgen las razonables dudas sobre lo que se puede esperar en el interior. ¿Resistirá la democracia y la división de poderes el constante desafío institucional y procedimental del presidente norteamericano?

Si la particular interpretación de la seguridad de la nación y los propios intereses políticos nos han traído hasta aquí, es de temer que la misma lógica ofrezca nuevos capítulos de realidad alterada. Clausewitz escribió que la guerra “constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”. Un pensamiento que, en el universo trumpiano, sirve tanto para justificar los bombardeos en remotos desiertos como para saltarse las explicaciones y la autorización del Congreso en el propio país.

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