¿Galicia rural o Galicia urbana? Lo que el termalismo nos enseña sobre una eventual controversia

Publicado: 03 mar 2026 - 03:10
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Como anticipamos en estas mismas páginas, el pasado viernes tuvo lugar en la Facultad de Empresariales y Turismo de Ourense un interesante y, por momentos, controvertido debate sobre la crisis de la vivienda y las particulares dificultades que la ciudadanía afronta en el mundo actual a la hora de acceder a una residencia en condiciones dignas. Cierto es que el asunto muestra múltiples aristas e involucra a no pocos agentes con intereses dispares, de donde se desprende que corresponda a las instituciones públicas facilitar los canales e instrumentos adecuados para revertir una situación que, con independencia de su carácter global, evidencia notables y diferenciados efectos territoriales. Y fue precisamente en el momento de abordar esta última cuestión cuando surgió la sorpresa en el Aula Magna de Empresariales ante la categórica afirmación de uno de los ponentes invitados, concretamente de Daniel Hermosilla: “La Galicia del futuro o es urbana o no es”. Obvia decir que, en ese preciso instante y ante tal sobresalto, mi cabeza entró en absoluta ebullición.

Llevo años defendiendo que, con independencia de otras consideraciones, es constatable la existencia de una estrecha relación causal entre la fenomenología geotérmica, incluidas las aguas termales, y el desarrollo urbano de determinados territorios. Una vinculación que ha adoptado características propias en cada contexto espacio-temporal, pero que se ha nutrido de una extraordinaria identificación entre la funcionalidad de tales recursos, la singularidad de los entornos donde estos afloran y la lógica evolutiva de las concentraciones demográficas. En este sentido, todos los indicios sugieren que las aglomeraciones de población que vieron la luz en los lugares termales no obedecieron, en primera instancia cuando menos, a una motivación de carácter extractivo, comercial o productivo. Fueron por el contrario el resultado de la condición sobrenatural que el ser humano atribuyó a tales recursos y de su principal funcionalidad como medio curativo y terapéutico. Cualidades excepcionales que se transmitirían al propio entorno y que justificarían su reinterpretación como lugar de encuentro, como espacio concurrencial, como ámbito de relación e interacción entre individuos de diversa procedencia.

Es constatable como, a lo largo del siglo XIX y en torno a la fenomenología termal, se produce la confluencia de dos realidades en principio contrapuestas

No obstante, y más allá de las consideraciones realizadas, sería un descuido injustificable perder de vista que la inmensa mayoría de las surgencias hidrotermales afloran en ámbitos rurales que históricamente ni han devenido en grandes concentraciones urbanas ni se han significado por el desarrollo de importantes infraestructuras balneares. A fin de cuentas, la existencia de una determinada potencialidad en el territorio, derivada aunque fuere de la presencia de un recurso natural específico, no garantiza la puesta en marcha y concreción de procesos sostenidos de aglomeración de la actividad productiva y de la población. De ahí que parte del debate académico de las últimas décadas se haya centrado en el esclarecimiento del estatus geográfico identitario de los espacios balneares.

Pero es constatable también como, a lo largo del siglo XIX y en torno a la fenomenología termal, se produce la confluencia de dos realidades en principio contrapuestas. En el caso de los balnearios ubicados en el campo, en pueblos y en pequeñas villas, se desarrollará una arquitectura urbana y una recreación del territorio mediante jardines, parques y paseos, adaptando el medio físico al agrado y exquisitez de sus más distinguidos visitantes. Por su parte, las ciudades termales (ejemplificadas en la británica Bath) incorporarán propuestas de espacios verdes y redefinirán su urbanismo en base a una nueva lógica, donde tendrán cabida las actuaciones abiertas hacia el exterior y se destacará la relación visual de las diferentes piezas con el entorno natural inmediato.

En respuesta a Daniel Hermosilla y a su categórico pronunciamiento sobre la Galicia del futuro, entiendo que procede parafrasear a un autor de referencia: “El balneario, ubicado en la frontera entre la ciudad y el campo, constituyó el compromiso ideal, ofreciendo lo mejor de ambos mundos; estaban la conveniencia y la urbanidad de la ciudad, y la inocencia y la belleza del campo”.

Contenido patrocinado

stats