La campaña callejera

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Publicado: 28 oct 2026 - 00:40
Opinión en La Región
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Hablar de precampaña es un eufemismo de ingenuidad reflectante, porque hace muchos meses que España entró en campaña electoral. Padecemos una campaña previsible que obedece a los parámetros fluctuantes del marketing de las encuestas y el esfuerzo de los candidatos por llevar la iniciativa y reafirmar la movilización de sus respectivos electorados. A Sánchez le han marcado los asesores un blanqueamiento humorístico destinado a humanizarle y perdonarle todas las fechorías cometidas, desde la corrupción a la traición de Ceuta, pasando por la amnistía. A Abascal le tratan de cebar desde la Moncloa para restarle escaños al PP permitiendo e incentivando la presión en la calle con la que propiciar el victimismo electoralmente rentable de Vox. Y Feijóo intenta frenar la fuga de votos a su derecha sin perder la moderación con el tique de Cayetana y Sémper, sabiéndose el candidato más votado que no puede fallar.

La estrategia consiste en hacer creíble que el PSOE puede ganar por la mínima en número de votos

La estrategia socialista que la marca Iván Redondo va predicando es un híbrido entre el CIS de Tezanos y el llamado por la oposición “pucherazo de la ‘ley de nietos”, semiparalizado, aunque no del todo si es que votan los hijos de los nietos. La estrategia consiste en hacer creíble que el PSOE puede ganar por la mínima en número de votos o por un escaño para que Sánchez no sea expulsado, permitiendo gobernar al centro derecha en una pirueta del algoritmo que arroje los resultados de 2023 a la inversa: que aun ganado el PSOE, gobierne el perdedor Feijóo con ayuda de su extremo Abascal. Eso, que a priori no es imposible, siembra sospechas razonables de transparencia mientras requiere de una serie de carambolas y tretas difíciles de realizar que necesita del empuje inestimable de la (ultra)izquierda en la calle y de la amnesia del electorado sobre la lamentable legislatura sanchista desleal con España y los españoles.

La campaña previsible incluye la (des)acampada de Sol que sostienen los sin techo, la ficción de la vivienda, el olvido de la corrupción, la protesta callejera que niega la paz social, la manipulación mediática sincronizada, el dóberman mentiroso de las pensiones y todo tipo de trampas electorales hasta el mismo 29-N. Ese comportamiento de bloqueo de la democracia y la alternancia tiene su máxima expresión en la kale borroka callejera, en la que tan bien entrenados están sus socios comunistas, golpistas y proetarras. Es la campaña previsible de suciedad que dificulta la democracia, porque redunda en el desprecio sistemático a la verdad que ha caracterizado el mandato del candidato Sánchez.

Faltan los piquetes de la huelga general que, por primera vez en la historia de la democracia, se convoca contra la oposición. Porque esa es la verdadera finalidad para corresponder a la millonada de subvenciones gubernamentales y dar satisfacción a la ideología de izquierdas de los sindicatos. Todo lo descrito convierte la campaña del 29-N en una campaña callejera a cara de dóberman que la derecha y la ultraderecha no pueden permitir a la ultraizquierda radical en la que se ha convertido el sanchismo.

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