Miguel Michinel
TINTA DE VERANO
El tranvía
CRÓNICA PERSONAL
El 15 de marzo llega en un momento difícil para los tres principales partidos nacionales, PP, PSOE y Vox. Con un final de campaña electoral en Castilla y León impregnada por una guerra a la que Pedro Sánchez ha encontrado utilidad: el eslogan pacifista que siempre le ha ido bien a la izquierda, el “No a la guerra” con el que tradicionalmente ha querido atacar a la derecha por supuesto belicismo, cuando no hay partido, de derechas ni de izquierda, que no quiera la paz.
Tampoco el PP vive su mejor etapa, con un Vox creciente que se ha hecho con el voto obrero y el voto joven
Sánchez no atraviesa un buen momento y se agarra al no a la guerra como si le fuera la vida. Su desprestigio internacional es absoluto. Los dirigentes europeos más sólidos no cuentan con él para sus reuniones en petit comité en las que tratan asuntos d Estado, y en el plano interno cae su imagen por la corrupción galopante en su círculo más íntimo.
El pésimo resultado en Extremadura y Aragón lo está convirtiendo en un personaje indeseado para infinidad de socialistas que llevan tiempo denunciando que Sánchez hunde las siglas. No a la guerra pero envía una fragata a Chipre sin escuchar previamente a su Gobierno, tampoco a los dirigentes de la oposición y, más grave, sin contar con el respaldo del Congreso. Si vuelve a fallar este domingo, su futuro se presenta negro.
Tampoco el PP vive su mejor etapa, con un Vox creciente que se ha hecho con el voto obrero y el voto joven. Aunque en Vox se advierten nubarrones, con denuncias sobre el poder de personajes que no han sido elegidos por los militantes pero mandan sobre Abascal, e interrogantes sobre las cuentas del partido y los fichajes de familiares y amigos.
Las elecciones de este domingo son de la máxima relevancia. Porque se elige un gobierno para los castellanos y leoneses pero también porque en junio habrá elecciones en Andalucía y el PSOE puede sufrir la derrota más seria de su historia si pierde la región que fue siempre su símbolo de poder. Se debe desde luego al trabajo de Juanma Moreno, pero también a los muchos errores que ha cometido Pedro Sánchez. Por imponer a una candidata que provoca profundo rechazo como dicen las encuestas, y porque Sánchez intenta hacer demagogia para captar voto cuando los andaluces conocen bien su tierra y calan a la primera a los oportunistas.
También para Feijóo es un reto el 15-M. Vox le ataca desde todos los flancos, el último acogiendo -lo hará antes o después- a quien era secretario general de las juventudes del PP, que llevaba meses viviendo fuera de España por motivos familiares pero cogió un rebote al no ver cumplidas sus expectativas de entrar en la lista del Parlamento Europeo. Feijóo tiene que frenar a Vox, pero debe hacerlo inteligentemente, porque el PP lo necesitará para gobernar en varias regiones … y en el gobierno central si Feijóo consigue ganar y sacar ventaja al PSOE de Sánchez.
Los tres grandes partidos nacionales vivirán este domingo con el alma en vilo.
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