Las cañerías que unen las cloacas

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 07 jun 2026 - 04:40
La Región

El primero en hablar de la importancia de las cloacas para defender el Estado de derecho fue el expresidente del Gobierno Felipe González: “El Estado de derecho se defiende en los tribunales y en los salones, pero también en las alcantarillas”. Hablaba entonces de la “guerra sucia” contra el terrorismo -quizá otra enseñanza de la política alemana de la época como la financiación ilegal-, y desde entonces las cloacas son otro elemento del paisaje de la política española, aunque habría que diferenciar si los “fontaneros” encargados de su limpieza, o de enlodarlas todavía más, actuaban de parte de las propias instituciones del Estado o lo hacían por motivaciones partidistas. O por ambas.

La línea que une las actuaciones de todas las cloacas es que no se han encargado a los más listos de la clase sino a quién se mostraba dispuesto a colaborar voluntariamente o por orden de la superioridad para condicionar la vida política nacional. Recuérdese que los GAL estuvieron en manos de José Amedo y Michel Domínguez, que se jugaban los cuartos de los fondos reservados en el casino de San Sebastián; que la guerra sucia emprendida por la “policía patriótica” contra los independentistas catalanes y contra Podemos ha dejado un rastro de baba como la del caracol que ha resultado muy fácil de seguir, y que todo lo relacionado con las cloacas del PSOE está en manos de una exmilitante como Leire Díez que ni se preocupaba de dejar los teléfonos móviles fuera de juego, unas veces porque era ella quien grababa y otras en las que era grabada.

Otro nexo común en las investigaciones sobre las cloacas del Estado es la dificultad para desenmascarar quien está al frente de la supuesta trama

Podría afirmarse que gracias a esas ineptitudes se han visto en los tribunales los casos más sucios de las cloacas. Con una coda: ha habido muchos jueces que se han manchado la toga con el polvo del camino para con ella tratar de borrar los rastros que iban dejando los actores políticos que les precedían, tanto en el Tribunal Supremo como en la Audiencia Nacional, -sobre todo ahí-, y en otros juzgados cuyas instrucciones emitían un profundo olor a beneficio de parte.

Otro nexo común en las investigaciones sobre las cloacas del Estado es la dificultad para desenmascarar quien está al frente de la supuesta trama. Desde Felipe González se trata de despejar la “X” que el juez Baltasar Garzón situó al frente del organigrama de los GAL, aunque para los malpensados no existe ninguna duda. En el caso de la corrupción del PP, en el doble sentido de la financiación ilegal del partido y de la puesta en marcha de la “policía patriótica” es una duda metafísica intentar resolver quien es M.Rajoy que aparece en la “libretita” del ex tersorero del PP, Luis Bárcenas -”Luis sé fuerte”-. Otro tanto ocurre con las menciones al “one” que aparecen en las conversaciones del “caso Leire” y otros colindantes, que nadie puede imaginar que se refieran a Pedro Sánchez, aunque por el momento tampoco ha aparecido la relación directamente proporcional entre apelativo y nombre.

Ahora bien, entre las cloacas de González y Rajoy y las del PSOE, hay una sutil diferencia. El primero tomó un atajo para tratar de acabar con el principal problema de España en ese momento y mancilló una lucha que se acabó ganando con los instrumentos del Estado de derecho. El segundo lo hizo para conservar el poder y ocultar que una parte del que tenía lo había logrado al acudir dopado a las elecciones y con algunos adversarios enjuiciados, y en nombre de Sánchez lo han hecho dicen sus fontaneros para exculparse, para frenar una guerra sucia previa.

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