Rosendo Luis Fernández
El plan contra el absentismo laboral
EL ÁLAMO
La de cosas terribles que hemos visto y leído en España contra la “salvaje dictadura” de Viktor Orbán en Hungría. No era tanta la dictadura si convocó elecciones, las perdió y se fue como un señor felicitando a su rival. No ha entrado con el mismo señorío el vencedor, pero ese es otro asunto. Quien sí ha empleado tácticas típicamente totalitarias es la élite política de la Unión Europea, que después de un larguísimo ejercicio de injerencia en la soberanía húngara ha logrado su objetivo, que era echarlo del poder y poner en su lugar a su propio candidato europeísta.
Von der Leyen ha celebrado por todo lo alto el resultado, después de pasarse años acusando de dictador a Orbán pero, una vez más, ¿quién es más dictador? El que se somete a las urnas o la que cree que con presumir de democracia es suficiente. Y lo más interesante: ¿podemos los votantes deshacernos de Von der Leyen de alguna manera, con la de años que lleva enroscada al cargo y trabajando intensamente en contra de los intereses de los ciudadanos europeos? Por lo que hemos visto hasta ahora, no.
Orbán cometió errores, algunos tan graves como gratuitos, pero no existen mandatos longevos sin sombras. El odio de la élite de Bruselas a Orbán no viene por medidas que, según Von der Leyen, estaban acabando con la democracia en Hungría (algo desmentido por los hechos en las últimas elecciones), sino por su política migratoria, radicalmente opuesta a la del globalismo democristiano y socialdemócrata de la UE, y basada en dos principios que tampoco lo convierten precisamente en Adolf Hitler: que los húngaros van primero y que las leyes se cumplen, también las que afectan a las propias fronteras.
No sé si será bueno o malo para Hungría el adiós de Orbán
De todas las estupideces que nos ha traído el eje franco-alemán de la UE en lo que va de siglo, la más sangrante es la promoción de la inmigración ilegal. Solo un gobernante idiota promovería un delito, sea cual sea, pero es que el de la inmigración ilegal además de un delito es una injusticia para todos, y más aún para los inmigrantes que, con su esfuerzo y paciencia, se han incorporado a nuestras sociedades cumpliendo todas las leyes, incluido el pago de impuestos cuando corresponda.
Este, más aún que el asunto estratégico de Rusia, ha sido el verdadero objetivo de la UE contra Orbán desde el primer día: que no haya ni un solo país de la UE con una política migratoria diferente al multiculturalismo obligatorio, y por supuesto, que no quede un solo país en Europa que pueda exhibir un cierto sentimiento soberanista. La única manera en que la élite de Bruselas puede controlarlo todo –y, por cierto, encontrar sus líderes más y mejores oportunidades para corromperse– es disolviendo en cada uno de sus miembros las ideas patrióticas y las tendencias soberanistas.
No sé si será bueno o malo para Hungría el adiós de Orbán. Lo que es seguro es que es un paso más hacia la dictadura globalista que nos aflige, la de Bruselas y Von der Leyen, que arruina el campo y encarece la energía, que promueve ciudades más inseguras, que deja en último lugar siempre a los ciudadanos europeos, y que legisla hasta el maldito modo en que debe estar cosido el tapón a la botella de agua.
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