Miguel Santalices
TRIBUNA
Don Ramón Otero Pedrayo, arquitecto da Galicia contemporánea
Decía la canción que hay un gallego en la Luna, y quien sabe si cuando la misión Artemis alunice en uno o dos lustros en el satélite de la Tierra, tal y como hizo el Apolo XI en 1969, tropiece con una tienda de Zara o un lacón con grelos. Si en nuestro planeta Trump y Putin juegan a la guerra o el PSOE de hoy y el PP de ayer se sientan en el banquillo, unos extraños lunáticos andaluces se disponen a votar mientras el emérito era aclamado en la reaparición de Morante que, como el mismo torero marciano dijo, “hago falta”. En España lo que también hace mucha falta es una profunda regeneración democrática, mayor transparencia y que quienes ahora gobiernan asuman responsabilidades políticas y paguen en las urnas sus cloacas de fango como ocurrió con los anteriores gobernantes. Es decir, que la corrupción del PSOE no sólo se dirima en el banquillo, sino que sea condenada electoralmente a la oposición como ocurrió con el PP de la Kitchen y Bárcenas.
Resulta imperdonable el doble rasero mediático y político del progre-sanchismo pacifista en materia de corrupción. Pero tan imperdonable es que entre las principales canciones de la listaplay de los astronautas de la nave Orión no destacó “La cara oculta de la Luna”, de Pink Floyd, motivo principal de la misión espacial. La temática del álbum de Pink Floyd es la avaricia, el envejecimiento, la enfermedad mental y la muerte, todo ello relacionado con el mundo loco que vivimos peligrosamente. Porque si el envejecimiento y la muerte representan un peligro real en el espacio, la avaricia y la enfermedad mental constituyen el eje del mal de la política del siglo XXI en la Tierra. La avaricia de Trump y Putin roza, en efecto, la enfermedad mental debido al exceso de ambición por el poder que los españoles también padecemos tan de cerca. En la cara oculta de Luna se esconden un oasis de petróleo, el dominio geopolítico mundial y el control de la economía a través de la industria armamentística. En esa cara oculta del desierto lunar, el poder patrio camufla los escándalos de corrupción y el engaño de las masas.
Obsérvese que Pedro TikToker no lució en su camiseta de propaganda el número de casos de corrupción que le asolan a él, a su partido y a su Gobierno
Toda una falsedad irreverente contra la legalidad, contra la igualdad y justicia social para manejar así a los pueblos infelices de la Tierra. Puestos a hablar de igualdad, ya están tardando las hordas feministas en censurar a la Nasa por incumplir la cuota terrenal en el espacio, a donde los americanos han enviado tres hombres y una sola mujer como declaración desigualitaria de intenciones. Salvando las distancias, en el planeta Tierra contamos con dos creadores de contenidos siderales como son Trump y Sánchez. Y mientras Donald juega a Dios del universo, Pedro se dedica a fomentar su otra profesión de TikToker. La última es que Pedro bonito se puso la camiseta de la selección nacional de fútbol con el número 22 para redondear al alza los 22 millones de afiliaciones a la Seguridad Social, que no afiliados, contabilizando como ocupados 850.000 fijos discontinuos parados. Un toque de frivolidad que compatibiliza con su cruzada antiTrump mientras España sigue siendo el país de la Unión Europea con más paro y mayor clientelismo político. Obsérvese que Pedro TikToker no lució en su camiseta de propaganda el número de casos de corrupción que le asolan a él, a su partido y a su Gobierno. Tampoco enseñó el número con la cantidad real de la deuda española ni la recaudación abusiva de impuestos porque no le caben en sus anchas espaldas. En absoluto. Ni se han colocado el número secreto de viajes del Falcon o las interminables cesiones al chantaje de sus socios para mantenerse en el poder. ¡Qué va! Pedro TikToker ha preferido convertirse en el Santiago Segura de la política española, en el Torrente de la promoción peliculera y del marketing populista, que con ayuda de casi un millar de asesores convierte el mensaje en publicidad engañosa.
Vaya por delante que la humilde ciudadanía no pide la Luna a los poderes del Estado. Como dice la canción italiana “yo no te pido la Luna” ni ningún otro lejano astro del universo planetario. Los españoles sólo pedimos justicia igualitaria, menos desigualdad territorial y más servicios ante el cribado sangrante fiscal al que nos somete el actual poder sanchista. La sociedad se conforma con pequeñas realidades que se puedan alcanzar y disfrutar en la vida diaria. Menos delirios de grandeza y más correspondencia proporcional con lo que los españoles pagan en el impuesto de la renta, ahora que estamos ya en plazo del IRPF. Pese a los antitaurinos, en España siempre nos quedarán Morante y ese toro enamorado de la Luna con el que mover el esqueleto de la vida. Los españoles ni tan siquiera cantamos como Fran Sinatra “Fly me to the moon”, porque no pedimos a nuestros políticos que nos lleven volando a la Luna. Nos conformamos únicamente con que no nos tomen el pelo, con que no nos mientan y con que nos dejen existir con los pies en el suelo en este hermoso planeta llamado Tierra.
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