Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
El Gobierno de los líos
VÍA DE SERVICIO
Sería interesante que dos conspicuos representantes del conservadurismo nacional como el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, mantuvieran un cara a cara sobre inmigración y empleo porque las posiciones de cada cual tienen punto de fricción, sobre la presencia de migrantes en el mercado laboral, su contribución a la economía nacional y su relación con la actitud de los jóvenes españoles y el empleo.
Al margen del manoseo de los datos sobre seguridad e inmigración o sobre inmigración y paro y uso de los recursos solidarios, el PP ha emprendido la senda del endurecimiento de su política migratoria tanto para limitar las entradas como para favorecer las salidas de quienes delincan en nuestro país, lo que ya está previsto por las leyes. Pero el paso que ha dado el líder del PP es el de abogar por recortar el acceso de los migrantes a los subsidios y se ha mostrado a favor de que “la inmigración que venga a España preferentemente debe ser culturalmente más cercana”, lo que traducido al roman paladino quiere decir “’panchitos’, sí; moros, no”, por dos motivos, porque se mantiene el mantra de que los inmigrantes quitan el trabajo y las ayudas a los españoles y porque vienen con costumbres que no son las del nacionalcatolicismo, aunque alguien tendrá que explicar qué maniobras han emprendido para imponer las suyas, en especial los musulmanes que tan solo quieren que les dejen celebrar sus ritos con tranquilidad y sin interferir en los de los pueblos en los que residen. Además se da la circunstancia de que cada vez más los migrantes latinoamericanos son cristianos, pero no católicos.
Contra la uniformidad cultural son interesantes las declaraciones del presidente de la CEOE que ha destacado la desidia de los jóvenes nacionales para incorporarse al mercado de trabajo, frente a las ganas que tienen de hacerlo hindúes y latinoamericanos.
Contra la uniformidad cultural son interesantes las declaraciones del presidente de la CEOE que ha destacado la desidia de los jóvenes nacionales para incorporarse al mercado de trabajo, frente a las ganas que tienen de hacerlo hindúes y latinoamericanos. “Tú vas a la India y todos quieren venir a trabajar. En Iberoamérica si vas, haces los cursos y vienen corriendo. En España tú haces el curso y no van”, explicaba Garamendi para señalar la falta de candidatos para cubrir puestos que necesitan una cierta preparación. Esto en cuanto al problema de la falta de mano de obra nacional motivada además por la falta de ganas de trabajar debido en muchos a la precariedad laboral -salarios bajos, jornadas más largas de lo habitual y horas extras sin cobrar-, que ha dado lugar a la clase social de asalariados pobres y, en el caso de los jóvenes, sin posibilidad de emanciparse.
El “modelo buenista de la integración” de los migrantes, que para Feijóo ha fracasado, resulta que es el que más ha favorecido el desarrollo económicos de nuestro país, como podría certificar el presidente de la CEOE, en apoyo de los datos del Instituto Nacional de Estadística sobre el crecimiento del PIB, que probablemente todavía sería mayor si se produjera la regularización de inmigrantes que llevan años entre nosotros y que se ocupan de los trabajos que no quieren realizar trabajadores españoles, por mal pagados o por penosos. Garamendi atribuye esta circunstancia, sin embargo, a que ha decaído “la cultura del esfuerzo” de los jóvenes que si tendrían los de otros países. Sería bueno que, al menos Garamendi y Feijóo, tuvieran un diagnóstico común sobre la necesidad de la inmigración y la situación del mercado laboral.
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