J.J. Feijóo
Los políticos y los procesos judiciales
Voy a explicar las redes sociales pero bien, para que las entiendan hasta los niños.
Aclaro previamente que a) no soy un experto en informática, tecnologías o comunicación, y b) tampoco un ignorante.
Tengo un ordenador encima de la mesa desde los años setenta. Primero tuve un Sinclair que me traje de Londres siendo yo un chaval, de aquellos que había que alimentarlos con cintas de cassette. Después, desde los ochenta, tengo Macs de forma más profesional. He llegado a tener muchas veces varios a la vez. Ahora mismo estoy escribiendo en uno, un iMac, y tengo otro al lado, un MacBook. Y tengo internet desde que existe. Desde aquellos años noventa en que te costaba una pasta tener acceso a la red.
De hecho y aunque no use la mayoría desde hace tiempo, sigo teniendo una web, dos blogs, cuenta en X (antes llamado Twitter), Instagram, LinkedIn, Facebook y una buena serie más de plataformas, algunas ya desaparecidas como About Me y otras que cayeron en el olvido.
Bien, vamos allá. Me voy a centrar en Facebook por simplificar.
Facebook, al que una amiga mía llama muy acertadamente “caralibro” aunque ya esté empezando a ser una red de mayores como yo, los más jóvenes están en TikTok y otras parecidas, es un ejemplo muy bueno para explicar cómo funciona todo esto.
Usted está en su casa viendo la tele, cocinando, cuidando de los niños, pasando la fregona o leyendo un libro (caralibro) tranquilamente, y llaman a la puerta. La abre. Aparece un desconocido que sin presentarse le enchufa violentamente una rígida carpeta en el estómago con un folio encima, un texto que no le da tiempo de leer, y le pone un boli en la mano. Y le dice: ¿Está usted en contra de la guerra de Gaza?, o bien ¿quiere que no haya niños con desnutrición en África?, o bien ¿quiere usted proteger al lince ibérico de la extinción?, o bien ¿está a favor de la paz en el mundo? Pues entonces firme aquí.
Usted está de acuerdo con todas esas cosas, pero ¿por qué cojones lo interrumpen para preguntárselo y pedirle una firma? ¿Qué hace aquel tipo en la puerta de su casa con el boli en la mano, exigiéndole algo que usted no había pedido?
Hay otra variante, claro. Una más folklórica aunque igualmente idiota. Es la de “si esto te gusta, compártelo”, o bien “dale un like”, o bien “este vídeo tiene ocho millones de visitas, así que míralo y serán ocho millones más una”, o bien “aprende a hacer un nudo ballestrinque correctamente”.
Yo uso mucho Facebook, lo confieso. Facebook en el fondo habla de nosotros. De cómo somos, de qué queremos y de qué esperamos de los demás o del mundo.
Lo que me llama la atención de Facebook es que el 99% de las cosas que me dice o sugiere son estupideces, y solo el 1% tienen interés. Así que ¿por qué sigo ahí? ¿Será por ese 1%?
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