La casquería

Publicado: 21 may 2025 - 02:05
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En periodismo se suele denominar el exceso de sucesos como “casquería”, en una descripción despectiva del abuso de historias truculentas dentro de un informativo de radio o televisión, o en las páginas de un periódico escrito o digital. “Casquería” es un término empleado en el noble sector carnicero para referirse a las vísceras y entrañas de un animal muerto. Pedro Sánchez, sin embargo, le ha encontrado un nuevo significado a esa palabra, pues considera que lo de sus whatsapp con Ábalos son pura “casquería”. Si tenemos en cuenta la definición de la Real Academia Española, no le falta razón por cuanto se dice de él y de Ábalos que son en la práctica cadáveres políticos que aún no saben que están muertos (políticamente). Pero otorgarle al escándalo de los whatsapp la descripción de casquería es como usar Eurovisión como cortina de humo: un poco atrevido y creativo porque forma parte de la retórica y las estrategias de defensa ante hechos tan graves como los descritos en los mensajes de texto entre el presidente del Gobierno y quien fuera su persona de máxima confianza y número 2 del PSOE. Precisamente la relevancia del contenido se enmarca en la notoriedad pública de los personajes y la acción política de sus actividades profesionales, lo que convierte los whatsapp en material expuesto a la libertad de expresión, prensa y publicación.

La casquería gubernamental se está convirtiendo en una carnicería de la democracia y la transparencia

Puestos a buscar acepciones al término “casquería”, se puede decir que la verdadera casquería es una gobernanza basada en la mentira, el engaño y el incumplimiento de la palabra dada en la que la sospecha crece día a día al conocerse las actividades partidistas de un Gobierno que tomó decisiones de interés general dentro del ámbito público y con cargo al erario público. Eso es lo que investigan los tribunales en los casos Begoña, Ábalos, David Sánchez, Hidrocarburos, rescate de Air Europa y otros asuntos relativos a la vida política española.

La casquería gubernamental se está convirtiendo en una carnicería de la democracia y la transparencia, de las buenas maneras de la práctica política, que desentraña las vísceras del odio, la polarización y el sectarismo. La casquería es el apagón informativo del apagón eléctrico, los chanchullos de la amnistía y otras cesiones desigualitarias, la ineficacia gestora de los trenes o la mala imagen reputacional nacional e internacional que está dando España con los sin techo del aeropuerto de Barajas. Dicen que la casquería es sana, que es buena para la salud y la cocina. Pero en términos políticos, la casquería de Sánchez está resultando altamente peligrosa para la salud del sistema, la separación de poderes, el Estado de derecho y las libertades. No hay peor casquería en democracia que la corrupción. Si el sanchismo que tanto predica la limpieza y agitó la cruzada contra la corrupción de gobiernos anteriores tuviera verdadera intención de limpiar su obra con la verdad, empezaría por colaborar con los tribunales evitando convertir la Abogacía y Fiscalía del Estado en defensores de la familia sanchista.

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