Castañas

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 07 nov 2026 - 02:50
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Mis mejores sueños están siempre ligados a los frutos de la tierra. En los momentos de insomnio, de vigilia, diría Borges, nada más tranquilizador que imaginar unas cepas de treixadura trepando por las encostas del Ribeiro; unos pies de olivo en algún recanto soleado y protegido de los vientos, o el esplendor copudo de un souto en la bocarribeira de Trasalba, en la misteriosa Ribeira Sacra o quizá asomándose a la Raia, en Riós o en los límites de Hermisende, territorio del lobo. Vino, aceite y castañas, una despensa autosuficiente, anterior a la llegada de Colón a La Española y al maíz y la patata, que obrarían el prodigio en la demografía del país.

La castaña está de actualidad. En realidad, llevamos semanas recogiéndolas del polvo de los caminos, acariciando la suave corteza de bruñida madera y sorprendiéndonos con la insuperable perfección de la naturaleza y sus formas. Sánchez Cotán, que nació en Toledo y vivió como cartujo en Granada, bien pudo llevar a sus bodegones la representación de la castaña. La sobriedad románica ante el barroco de cítricos, aves y exuberancia de la huerta mediterránea.

La castaña y Galicia son casi una marca ya hecha, instituida. Fray Luis de León recomendaba seguir la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

Decía que el presente tiene a la castaña entre los alimentos de temporada, un símbolo del otoño y el encuentro comunitario, una vez recogidas las cosechas y el vino fermenta en el silencio de las bodegas. Es tiempo de celebrar. Los usos urbanos no acaban con la magia asociada al fuego que asa las castañas. En el País Vasco acompañan a las cazuelas de caracoles, en su salsa alegre. En Asturias, la primera sidra refresca el paso de las carnosas castañas y en Galicia, los magostos son la celebración comunal identitaria y donde el tinto joven, de un fresco mencía de Sober, sin ir más lejos, compite todavía con ventaja ante la cerveza.

En cualquier caso, quienes buscamos un problema en cada momento de placer, nos hacemos preguntas a cuenta de la generosa castaña. Todavía deslumbrados por el salto de calidad dado por nuestros vinos, en las últimas décadas, observamos intrigados ese fruto que replica las rugosidades de nuestro cerebro. En consecuencia, no podemos evitar imaginar las posibilidades del mismo. Es sabido que Galicia representa el 60% de la producción de castañas en España y que dedicamos sesenta mil hectáreas de nuestro suelo a que los castaños lo sombreen con frescor incomparable, pero algo falta. Más allá de la meritoria trasposición de la castaña confitada, parece necesario estimular el talento alrededor de sus posibilidades. La castaña y Galicia son casi una marca ya hecha, instituida. Fray Luis de León recomendaba seguir la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido. La ternera y el vino, abrieron caminos insospechados. Sigámoslos.

Contenido patrocinado

stats