Castelao y el monasterio de Oseira

TRIBUNA

Publicado: 20 oct 2026 - 05:10
Castelao (en el círculo) en Oseira, en la celebración de un bautizo.
Castelao (en el círculo) en Oseira, en la celebración de un bautizo. | La Región

Las visitas de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao al monasterio de Oseira durante los convulsos y vibrantes años treinta representan un cruce perfecto entre la ebullición del nacionalismo gallego, la protección del patrimonio artístico y la intimidad familiar que revela esta fotografía. Aunque las actas políticas suelen registrar los grandes mítines, los diarios de la época y las biografías de la Generación Nós permiten reconstruir con precisión el contexto de esas visitas.

El año crucial fue 1929, cuando la orden cisterciense acudió a repoblar el cenobio con una comunidad de monjes trapenses procedentes de la abadía de Nuestra Señora de las Nieves (Notre-Dame des Neiges), ubicada en el sur de Francia. Castelao, Vicente Risco y Ramón Otero Pedrayo (el núcleo del intelectualismo ourensano) vieron este retorno como un milagro cultural. Para ellos, Oseira no era solo una iglesia; era el símbolo de la resistencia y del arte en piedra de Galicia. Es a partir de este momento cuando Castelao empieza a frecuentar la zona, no como un turista, sino como un investigador del patrimonio.

La profunda devoción del Grupo Nós por Oseira quedó plasmada en una prolífica producción de ensayos, diarios y cartografías culturales. Como líderes de la Xeración Nós, su gran misión consistía en dignificar la identidad gallega demostrando que poseía un patrimonio artístico de primer orden mundial. Ramón Otero Pedrayo bautizó el complejo como el “Escorial gallego” debido a su imponente escala arquitectónica, y los intelectuales celebraron el regreso de los monjes como un auténtico milagro cultural y un renacimiento del orgullo gallego.

Por su parte, Castelao estudiaba estos monumentos con un fervor casi arqueológico, convencido de que la geografía y las piedras contenían el espíritu mismo del pueblo. Pasó años recorriendo Galicia para documentar el trabajo de los canteros, plasmando sus investigaciones en su obra cumbre, “As cruces de pedra na Galiza”, que más tarde sería publicada en el exilio.

Castelao tuvo que exiliarse y fue condenado al ostracismo por el régimen franquista, que persiguió cualquier vestigio de su figura.

Con la llegada de la Segunda República en 1931 y su elección como diputado en las Cortes, la gran obsesión política de Castelao pasó a ser la aprobación del Estatuto de Autonomía de Galicia, y entre 1931 y 1933 multiplicó sus viajes por las provincias de Ourense y Lugo. Las comarcas de Carballedo, Carballiño y las tierras de Cea (donde está Oseira) eran zonas rurales complejas, muy influenciadas por el clero tradicional. Para dar sus mítines y moverse con seguridad, dependía de redes de confianza como Francisco Domínguez Mosquera, quien lo había hospedado repetidamente en su casa en el cercano Carballedo, un puerto seguro y un enlace logístico para Castelao en sus desplazamientos.

Para Castelao, ir a Oseira con un grupo de amigos, como hizo según muestra esta fotografía para asistir al bautizo de su ahijado, Francisco Álvarez Piñeiro, era una ocasión ideal para alejarse de los tensos debates parlamentarios de Madrid. Allí podía mostrarse relajado y cariñoso, hasta el punto de sentar a la pequeña Marina, hermana del niño bautizado, sobre sus rodillas.

Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, Castelao tuvo que exiliarse y fue condenado al ostracismo por el régimen franquista, que persiguió cualquier vestigio de su figura. Documentar o publicar visitas de Castelao a cualquier lugar se volvió tabú, y los monjes -que debían sobrevivir bajo la nueva dictadura- tuvieron que silenciar cualquier simpatía republicana o nacionalista del pasado.

Por eso, esta fotografía es un documento histórico excepcional. Rellena el vacío que la censura posterior intentó crear, demostrando que, en los años treinta, Oseira era un punto de encuentro donde la política transformadora, el arte de los canteros gallegos explorado por Castelao en “As cruces de pedra na Galiza” y la burguesía local se unían en una celebración común.

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