Pantanada de Tous

TAL DÍA COMO HOY

Publicado: 20 oct 2026 - 05:25
Una barca navega las calles inundadas por el agua de Júcar.
Una barca navega las calles inundadas por el agua de Júcar. | La Región

El 20 de octubre de 1982 se rompió la presa de Tous, en la cuenca del río Júcar, provocando la inundación de varias comarcas, la muerte de 40 personas y centenares de miles de damnificados.

No fue una rotura en sí, fue una paulatina descomposición provocada por la enorme lámina de agua que había generado una gota fría desconocida hasta entonces. Los expertos calculan que horas antes se habían acumulado más de dos mil hectómetros cúbicos con precipitaciones de 600 litros por metro cuadrado en pocas horas.

Decenas de muertos, destrucción de dos comarcas enteras y la pérdida de su vivienda a más de 300 mil personas. Lo peor de todo fue la confusión. La radio no decía claramente lo que estaba sucediendo. Cuando se avisó de que la presa se había roto, el agua ya llegaba a varios metros de altura

El rio Júcar, llamado por los árabes “el devastador”, tenía por costumbre desbordarse de vez en cuando, pero lo que sucedió ese día no tuvo nada que ver con lo que se había vivido hasta entonces. Decenas de muertos, destrucción de dos comarcas enteras y la pérdida de su vivienda a más de 300 mil personas.

Lo peor de todo fue la confusión. La radio no decía claramente lo que estaba sucediendo. Cuando se avisó de que la presa se había roto, el agua ya llegaba a varios metros de altura.

Al llegar la noche se produjo la explosión de la central eléctrica de Alzira y toda la comarca se quedó a oscuras.

El silencio más terrorífico se extendió por todas partes. Fue el peor momento de todo el desastre.

El oxímoron hecho realidad.

Propina | Reclamar al maestro armero

Esta frase tuvo su origen en la reforma borbónica de los ejércitos españoles, con la aparición del fusil como arma del soldado y la creación de la figura del maestro armero como especialista para el buen funcionamiento de este.

Al igual que ocurre con todo objeto novedoso, bien por sus iniciales imperfecciones o por desconocimiento del soldado, el fusil tenía frecuentes fallos que terminaban en continuas quejas del combatiente ante superiores y compañeros, los cuales, por desconocimiento o por hartura, remitían al quejoso al experto con la consabida frase: “A reclamar al maestro armero”.

Habitualmente son tantas las situaciones en que ante distintos problemas no se sabe a quién acudir, o bien quien debe atenderlos no quiere hacerlo o los responsables de tomar una decisión no se atreven a mojarse, que la susodicha frase se viene utilizando desde hace mucho para estos o similares acontecimientos.

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