Manuel Orío
RECORTES
Debates nuevos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Todos los veranos, me suelo dejar caer por el parque de Castrelos de Vigo, si bien no tanto como antes, porque el programa suele estar ya más orientado hacia otro tipo de público y no a los de aquellos años en los que disfrutábamos de teatro, zarzuela., coros y ballets rusos, festivales de España y otros espectáculos. Siempre que puedo, me gusta darme una vuelta por el interior o hacerlo cuando no hay público y rememorar el tiempo en que yo mismo actué sobre su escenario con el elenco del Grupo de Teatro Valle Inclán de Ourense en el verano de 1967. Otra vez he cumplido el ritual, recordando especialmente a los compañeros que se fueron y con son ya los más de los que quedamos. De aquel tiempo guardo enmarcados los recortes de la prensa local en que nos dedica una crítica muy detallada y nos destaca como “la profesionalidad de los aficionados”. La verdad es que sorprendíamos.
Aquel verano de 1967 actuamos dos noches seguidas, con el parque a rebosar. Era impresionante verlo desde allí. El escenario de Castrelos es inmenso, y por ello, el montador del espacio, el inolvidable decorador Eduardo Raimúndez Porto, nuestro querido “Sheridan”, que trabajara en el cine en Madrid con los mejores directores de su tiempo, tenía ante sí un gran reto. Y lo superaba con creces, llenando todo aquel inmenso espacio. Pese a que actuábamos sin micrófono estábamos tan bien preparados por Alvarado que sabíamos modular la voz para que no se perdiera el tono adecuados a aquellos obras que exigían claridad del texto, especialmente de Cunqueiro, Valle Inclán o nuestro mayor éxito, “Donadieu”, un drama histórico, desarrollado en Francia, durante las reglas de religión, de enorme carga dramática, con el ganáramos en 1966 la III edición del Concurso Nacional de Teatro Juvenil, un año antes en Murcia, y seguidamente «El Galardón del Duero», de Zamora, los dos certámenes de teatro joven que se celebraban en España.
Ya he recordado que mi otro papel era el de Hemón, en la obra «Antígona» de Anouilh, donde hacía de enamorado de la protagonista e hijo del dictador Creonte. En ambos papeles nos vestía la famosa sastrería del cine Peris y hermanos, de Madrid. En un caso, de caballero de capa y espada, y en otro de joven griego. Para esta labor vino de Madrid una sastra que vistiera a todos los actores de las películas históricas de la época. Era tal el rigor con que se preparaban las obras, que para una escena en que había un duelo a espada, nos dieron clases de esgrima.
Ya en mi tiempo de periodista en la radio en Vigo estuve allí muchas veces para entrevistar a los más famosos actores del momento.
Alguna vez he vuelto a subir a aquel escenario de tantos recuerdos. Es aquel un universo realmente imponente. Debajo del escenario estaban parte de los camerinos. Ya en mi tiempo de periodista en la radio en Vigo estuve allí muchas veces para entrevistar a los más famosos actores del momento. Conservo grabadas alguna de aquellas entrevistas, entre ellas a Guillermo Marín. Otro recuerdo imborrable fue la presencia en el escenario de los coros y danzas del Ejército ruso, que venía acompañado por un experto en la obra de Machado y era persona de enorme cultura y que hablaba español y recitaba sus poemas mejor que nosotros.
Alguna vez he contado que en los años setenta y ochenta, todavía encontré entre el personal de Castrelos a quienes recordaban a aquellos chicos de Ourense de los que yo formaba parte. Se entendía que a Castrelos no podía traerse cualquier cosa. Por eso nos fichó Festivales de España, como a las grandes compañías profesionales. Mucho nos hacía trabajar Alvarado en tantas horas de ensayo en el local de que disponíamos en la parte posterior del viejo edificio de la Diputación. Horas y horas de esfuerzo hasta alcanzar la perfección y éramos tan buenos y estábamos tan bien dirigidos y estimulados que, realmente alcanzábamos la altura de los profesionales. Así se nos reconocía.
En la parte inferior del escenario, donde se suelen conservar pegados los carteles y programas de los espectáculos, actores y compañías de todo el mundo que han pasado por allí, se conservaban –y espero que sigan allí—los de aquel verano de 1967 con los del Grupo de Teatro Valle Inclán de Ourense. La próxima vez que vaya por allí, lo comprobaré.
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