Mariluz Villar
MUJERES
Cataratas de sangre
MUJERES
Si un viajero busca descubrir en sus rutas fenómenos impactantes, uno de los sitios que tiene que visitar es el Valle Taylor en Tierra de Victoria en el este de la Antártida. Solamente las fotografías obtenidas de sus cataratas de sangre sobreponen a quienes las contemplan. Porque, queridos lectores, si una simple herida impresiona, si las gotas del preciso y precioso líquido rojo que escapan de un pinchazo en un dedo hacen apartar la vista del punto que las provoca ¿qué será verse frente a frente de unas cascadas que, como altísimas, pesadas e inmensas cortinas de sangre se precipitan en caída libre, escapadas de una llaga en la tierra? En este caso concreto, de la nieve blanca que le da paso. Es prodigioso algo tan insólito pero que no lo es tanto si los científicos nos exponen la explicación pertinente.
Pero de todas formas no deja de ser extraordinario que los óxidos de hierro depositados desde hace cinco millones de años
Pero de todas formas no deja de ser extraordinario que los óxidos de hierro depositados desde hace cinco millones de años, en contacto con la atmósfera y otros elementos necesarios de materia orgánica natural, operen químicamente para lograr este extraño, hermoso y prodigioso efecto. Efecto que nace en un glaciar congelado en su totalidad, y cuya inmensa espectacularidad encoge el alma. Este paraje fue descubierto por el geólogo australiano que dio nombre al valle, y sería de lo más interesante conocer la impresión que le causó el encuentro con algo tan fuera de lo común. Al parecer los primeros exploradores de la Antártida atribuyeron el color rojo de sangre al rojo de las algas, pero el estudio geológico en profundidad aclaró en verdad a lo que se debía.
Pero si escribimos hoy sobre las cataratas de sangre, hay que referirse también a las cataratas del Ángel en Venezuela, las de Victoria sitas entre Zimbabue y Zambia, las de Iguazú entre Brasil y Argentina, y por supuesto a las de Niágara entre Canadá y Estados Unidos. Casi todas ellas han tenido su película de aventuras, su importancia literaria y sus referencias entre una y mil historias. ¿Cómo olvidar la que lleva su nombre ligado para siempre al de la mítica actriz Marilyn Moroe y su vestido rojo grabado en la mente de todo buen cinéfilo? El agua por tierra, mar y cielo en sus tres estados, uno de ellos siempre presente en un vaso de whisky junto a un cigarrillo apresado entre los dedos con el estilo único de los grandes ídolos de la pantalla.
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