Nada que celebrar, ministra

TRIBUNA

Publicado: 04 nov 2026 - 00:10

Resulta difícil entender el entusiasmo con el que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, celebra los datos del mercado laboral. Los resultados de los nueve primeros meses del año merecen un análisis riguroso, no una campaña de autobombo. Porque detrás de las cifras que el Gobierno exhibe como un éxito hay una realidad bastante menos halagüeña. El 60 % de los parados de larga duración, aquellos que llevan más de un año buscando empleo, son mujeres. También representan el 60 % de los desempleados reconocidos por el SEPE. Y, por si fuera poco, el 67,5 % de los contratos indefinidos a tiempo parcial firmados corresponde a trabajadoras. Difícilmente puede presentarse este panorama como un triunfo de las políticas de igualdad y empleo de un Gobierno al que tanto le gusta presumir de feminismo.

El 60 % de los parados de larga duración, aquellos que llevan más de un año buscando empleo, son mujeres. También representan el 60 % de los desempleados reconocidos por el SEPE

Tampoco invita al optimismo la duración de los contratos. Casi la mitad apenas alcanza los 45 días y un 21 % no llega siquiera a una semana. ¿Dónde está la estabilidad que supuestamente iba a proporcionar la reforma laboral? Cambiar las etiquetas de los contratos no significa mejorar la calidad del empleo. Pero es que hay más motivos para la preocupación. El 46 % de los parados tiene más de 50 años, una edad en la que todavía queda mucha vida laboral por delante, pero en la que encontrar una nueva oportunidad se convierte en una carrera de obstáculos. A ello se suman los 790.692 trabajadores con contrato fijo discontinuo que permanecen inactivos, un 78 % más que en septiembre de 2021, antes de la reforma laboral y en plena pandemia. Son trabajadores que no tienen actividad, que cobran prestación por desempleo y que, sin embargo, no aparecen como parados en las estadísticas oficiales. Una peculiar manera de mejorar los indicadores.

La realidad no desaparece por decreto, señores del Gobierno. No se ha acabado con la precariedad, tampoco con la rotación y mucho menos con la inestabilidad. Se ha cambiado el marco contractual, pero no se ha resuelto el problema de fondo. Por si todo esto fuera poco, más de 600.000 trabajadores necesitan tener más de un empleo. Una realidad que conecta directamente con la pérdida de poder adquisitivo, el incremento de los impuestos y las dificultades para llegar a fin de mes. Todo esto sucede mientras el presidente del Gobierno insiste en dibujar una economía que avanza `como un cohete` gracias al crecimiento del PIB y los ciudadanos comprueban que ese supuesto despegue no se traduce en una mejora de sus economías domésticas. No necesitamos más titulares triunfalistas y cambios estadísticos, sino una reforma profunda del mercado laboral, incentivos a la contratación estable, oportunidades para los mayores de 50 años y medidas eficaces para combatir el desempleo femenino. También un SEPE que deje de ser una mera oficina de registro y se convierta en un verdadero instrumento de intermediación, orientación y control.

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