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CAMPO DO DESAFÍO
La figura de Luis González Seara (A Merca, A Mezquita, 1936-Madrid, 2016) nos llega apenas iluminada cuando se cumple una década de su desaparición. Cierto es que el tiempo transcurrido desde su retirada de la primera línea política, en el lejano 1982, solo nos permite seguir sus pasos posteriores a través de los recuerdos, los artículos en prensa, los libros publicados -con El poder y la palabra, Premio Nacional de Ensayo de 1996, como obra de referencia-, o su trabajo como catedrático de Sociología en la Complutense y su pertenencia a las Academias, europea y española, de Ciencias Morales y Políticas.
Aquel temprano alejamiento de la política echaba el freno a una meteórica carrera, iniciada en 1963, con la dirección del Instituto de la Opinión Pública, germen del futuro CIS, dentro del Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga. La cátedra lograda en 1968 y el posterior nombramiento como decano de la facultad de Sociología en la Complutense madrileña, entre 1971 y 1975, situaban a González Seara en el epicentro de la movilización de muchas de las mejores cabezas del país en la construcción del cambio político. Seara, que en su primera juventud estaría muy influido por Unamuno o Ganivet, y tuvo como profesores a José Luis Sampedro y Enrique Fuentes Quintana, se decantaría por el grupo socialdemócrata de Fernández Ordóñez, integrado en la UCD de Suárez. Será ministro de Universidades e Investigación entre 1979 y 1981, desde donde impulsará la Ley de Autonomía Universitaria (LAU) y como tal vivirá el 23-F. “Pienso que me van a fusilar”, confesaría a Bono, en los aseos del Congreso, durante el asalto de Tejero.
El paso de Fernández Ordóñez al PSOE acelera su alejamiento de la política práctica, mientras impulsa su participación en iniciativas de comunicación -Grupo 16-, la investigación académica y sus artículos como analista de la actualidad. Es ahí donde encontramos referencias explícitas de su pensamiento político. “A los conservadores solo se les ocurre perseguir con más saña a las abortistas y exigir más privilegios para la enseñanza privada. ¿Cómo se puede votar a un partido con semejante programa?”. Sobre la economía liberal: “Si pensamos crecer como en una jungla, los condenados de la tierra no lo van a consentir” o “una sociedad no es más próspera sólo porque los bancos mejoren sus cuentas de resultados”. Como buen observador realista, apoyará el rearme de Europa y fiel a su optimismo de la voluntad, escribirá sobre la historia: “Hacia atrás, España es lo que los españoles han querido y podido hacer; hacia adelante, el proyecto que quieran y puedan realizar”.
En su muerte, alguien escribió que nos dejaba “el último centrista”. Sirvan estas líneas como recuerdo de su trayectoria y ejemplo.
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