Rosendo Luis Fernández
Deporte, racismo y odio
Al abrir la pestaña con el amanecer una llamada perdida de un colega filósofo a las dos de la mañana hizo pensar que Trump había cumplido la chaladura de borrar del mapa la civilización persa. La radio prendida antes que la cafetera hablaba de una tregua de dos semanas pactada por Washington y Teherán, una hora antes de que sonase la trompeta del ultimátum, a cambio de despejar el paso del petróleo por el estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán otra vez por la tarde al continuar los bombardeos de Israel sobre Líbano.
Alfonso Rueda iba a comenzar su exposición en la rendición anual de cuentas en el Parlamento de Galicia y escuchar al presidente y a los líderes de la oposición es como un vicio que no se deja con los años
El colega no es dado a comunicaciones rutinarias y contestó al primer tono, como si estuviese esperando al otro lado del teléfono. Le había pasado una historia que podía resolver la anécdota al chófer sin salir del garaje, la quería contar en caliente y pocas veces se pone como ejemplo. Alfonso Rueda iba a comenzar su exposición en la rendición anual de cuentas en el Parlamento de Galicia y escuchar al presidente y a los líderes de la oposición es como un vicio que no se deja con los años. Insistió. “De otro vicio te voy a hablar yo, vas a flipar, casi pierdo un dedo”.
El colega acostumbra a perfumar el tabaco para perderse por los rincones de la filosofía y como vive en Vigo es especialmente cauteloso. Asegura que la local patrulla olfateando humo de canuto para multar con 601 euros. Hace dos semanas salió de casa con remedio natural en el bolsillo y al darse cuenta, con el ascensor en marcha, decidió dejarlo en el buzón para evitarse problemas por la calle.
Al regresar, horas más tarde, el paquete había volado. Los críos de los vecinos ya son adolescentes. Una risa. Recordó el cepo artesanal, como los que dibujaba Ibáñez y escondía Mortadelo para que Filemón acabase metiendo el pie, que había comprado en una feria. Y decidió dejarlo en el buzón bien cebado para dar una lección al vecino con la mano abierta. Fueron pasando los días sin que el listo picase hasta que se olvidó del cepo. “Anoche al meter la manopla para comprobar si tenía correspondencia noté un dolor y un chasquido como si me hubiesen disparado en el dedo. Me quedé aturdido hasta que me di cuenta de que había caído en mi propia trampa. Esto le va a pasar a Trump y Netanyahu”. La humanidad en vilo.
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