Cerrar un año para crecer con sentidiño

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Publicado: 04 ene 2026 - 02:40

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Cerrar un año no es hacer balance de resultados. Al menos para mí, nunca lo ha sido. Es algo más incómodo y, al mismo tiempo, más necesario: preguntarse si el camino que estás recorriendo es sostenible. No solo para la empresa, sino también para las personas que la forman y para uno mismo.

Durante mucho tiempo confundimos crecimiento con velocidad. Con hacer más, estar en más sitios, abrir más frentes. Y a veces funciona. Pero otras, muchas más de las que se cuentan, pasa factura. La salud —la de la organización y la personal— acaba siendo el verdadero termómetro de si las decisiones han sido acertadas.

Este último año ha sido un punto de inflexión. No tanto por lo visible, sino por lo que no se ve. Hemos tenido que ordenar, priorizar y asumir que crecer bien implica renunciar a atajos. Que no todo vale, ni todo suma. Y que una empresa solo puede aspirar a dar el paso de convertirse en compañía bursátil si lo hace desde una base sólida, con estructura, foco y equilibrio.

España sigue siendo clave. Galicia sigue siendo el origen y el ancla. Pero mirar fuera nos ha permitido volver con otra mirada, más exigente y más consciente.

En ese contexto se entiende mejor el inicio de nuestra expansión hacia nuevos mercados europeos como Países Bajos e Italia. No como una huida hacia delante, sino como una consecuencia natural. Salir fuera exige rigor, exige método y, sobre todo, exige madurez. Son mercados donde no basta con prometer; hay que demostrar. Y esa exigencia, lejos de debilitarnos, nos ha hecho más fuertes con contratos, en esos mercados.

Internacionalizar no es una cuestión de ambición geográfica. Es un ejercicio de salud empresarial. Te obliga a mirarte al espejo, a profesionalizar procesos, a cuidar el producto y a rodearte de equipos capaces de sostener el crecimiento sin quemarse. No es casualidad que los proyectos que llegan mejor preparados a los mercados financieros sean aquellos que antes han aprendido a ordenarse por dentro.

También ha sido un año para entender mejor los límites. Los propios. Porque no se habla lo suficiente de la salud del emprendedor, del directivo, del fundador. De cómo las decisiones se toman mejor cuando hay claridad mental, descanso y perspectiva. De cómo una empresa sana necesita líderes que también lo estén.

España sigue siendo clave. Galicia sigue siendo el origen y el ancla. Pero mirar fuera nos ha permitido volver con otra mirada, más exigente y más consciente. Entender que el crecimiento no es una carrera de velocidad, sino de fondo. Que no gana el que más corre, sino el que mejor se cuida para llegar.

Cerrar un año, en definitiva, es entender que crecer con salud no es una opción estética, sino una necesidad estratégica. Porque solo desde ahí se puede aspirar a construir compañías sólidas, creíbles y preparadas para asumir la responsabilidad —y la exposición— que supone salir al mercado y convertirse en una empresa cotizada sin perder lo más importante por el camino.

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