Certezas de una avalancha

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 05 ago 2026 - 04:10
La Región

Cada crisis que se desata con Marruecos no hace sino apuntalar algunas certezas que se reproducen siguiendo el mismo patrón, la deslealtad del país magrebí que actúa movido por sus intereses nacionalistas y que el Gobierno de la nación trata de mantener un equilibrio entre la defensa del territorio y de la ciudadanía española sin atacar frontalmente las políticas marroquíes, convencido de que la diplomacia y los gestos de buena vecindad acabarán teniendo recompensa, aunque Rabat los ignora siempre que ve la oportunidad.

La avalancha de marroquíes y subsaharianos de la pasada semana ha dejado de manifiesto que la política de acercamiento entre Pedro Sánchez y Mohamed VI no ha dado los réditos deseados para los intereses españoles, y por mucho que desde el Gobierno se desgañiten en explicar que Marruecos es un socio fiable los hechos demuestran lo contrario. Además, no ha encontrado las fórmulas para poner puertas al campo en la frontera más desigual del mundo, y el imprescindible reforzamiento de la barreras físicas o policiales solo servirán, en el futuro, para que los cien muertos ocurridos en esta ocasión se eleven exponencialmente. La descoordinación entre Interior y Defensa sobre la falta de información acerca de lo que se venía encima, la falta atención a los recados procedentes de las autoridades ceutíes son otros síntomas del desgaste que padece el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que como primera reacción tendría que exigir el cumplimiento por Rabat de los acuerdos firmados sobre las aduanas de Ceuta y Melilla, primer escaparate de la soberanía de un país.

La última certeza es que la derecha nacional todo lo pasa por el cedazo de su interés partidista

No es menos cierto que a Marruecos no le importa ni su gente ni el desprestigio del país, que mantiene la utilización de la inmigración -otras veces es el terrorismo o el narcotráfico- como válvula de escape de sus problemas internos por una parte, y como manifestación de su nacionalismo irredento sobre las ciudades autónomas españolas por otra, con el ensayo de una nueva Marcha Verde, que si ha sido promovido por el Majzen con el beneplácito de Estados Unidos e Israel es muy preocupante, y si no lo ha hecho demuestra que las autoridades magrebíes tampoco cuentan con medios ni saben cómo frenar a sus súbditos en sus ansias por huir de un país que los tiene abandonados.

Igualmente es lamentable el reconocimiento, una vez más, de cómo la UE vulnera sus valores y prima las políticas migratorias con el remite de cartas entre Pedro Sánchez y distintos países, y con retrasos en la mediación de Ursula von der Leyen hasta que ha reconocido que España y Marruecos han actuado bien. Las discrepancias hay que buscarlas en que muchos países tienen elecciones próximamente, y la altura política de los candidatos solo les da para mirar ese horizonte.

La última certeza es que la derecha nacional todo lo pasa por el cedazo de su interés partidista. En una situación como la vivida en Ceuta, lo primero es situarse detrás el Gobierno, que ha reconocido que se ha tratado de un ataque a la soberanía nacional, y como tal debiera haber brindado todo su apoyo para resolver la crisis. Y posteriormente, como es su obligación, demandar todas las explicaciones necesarias en sede parlamentaria. Porque es muy posible que un futuro gobierno de coalición de derechas sea saludado por Marruecos con un nuevo desafío, y entonces serán ellos quienes demanden un apoyo sin fisuras a la respuesta del Ejecutivo, y sería esperable que, desde la oposición, el PSOE actúe como ahora les hubiera gustado que hiciera el PP.

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