Jacinto Seara
Se vive apartado de Dios
TAL DÍA COMO HOY
Hoy en día no se concibe un vuelo regular sin la existencia de la tripulación de cabina, sin embargo, no siempre ha sido así. Cuando en 1926 las compañías aéreas comenzaron a organizar vuelos de pasajeros, en ningún momento se pensó en que se necesitaban otras personas aparte del piloto y el copiloto.
Le puso como condición encontrar a otras siete enfermeras cualificadas y aptas para el puesto
Una mujer, Ellen Church, cambiaría esto para siempre. Ellen había nacido el 22 de septiembre de 1904 en Iowa y era enfermera de profesión. Su pasión era volar y convertirse algún día en piloto, algo que era ciencia ficción para una mujer de la época. Trabajaba en un hospital y todos los días, al volver a casa, pasaba por delante de las oficinas de la compañía Boeing.
Un buen día se armó de valor y entró a ofrecer sus servicios. Boeing estaba ya pensando en ampliar el personal de vuelo con un ayudante que atendiera a los pasajeros durante el trayecto, por supuesto tenía que ser un hombre ya que se tenía la idea de que las mujeres no podían realizar tareas en el aire debido a los cambios hormonales que sufrían.
Sin embargo, el responsable de Boeing entendió que una enfermera podía ser de gran ayuda en un vuelo comercial, dado que podía haber situaciones en las que el piloto o copiloto sufrieran algún problema de salud, así que contrató a Ellen durante un periodo de prueba de tres meses. Le puso como condición encontrar a otras siete enfermeras cualificadas y aptas para el puesto. Tenían que ser menores de 25 años, pesar menos de 52 kilos y medir menos de 1,60 metros.
Así se formó el grupo de The Sky Girls. Ellen Church realizó en 1930 su primer vuelo como azafata entre Oakland y Chicago a bordo de un Boeing 80-A trimotor, vuelo que duró 20 horas y requirió 13 escalas. No sufrió ningún trastorno por su condición femenina.
La palabra “azafata” proviene del árabe “safat”, algo así como un cesto de mimbre en el que la encargada de ayudar a la señora a vestirse, desvestirse o cualquier otro menester, dejaba algunas pertenencias de esta como perfumes, joyas, etc... Esta palabra se castellanizó, dando origen a “azafate”, que identificaba a unas cestillas similares a las árabes y que también eran portadas por las doncellas que ayudaban a las señoras.
Era un trabajo destinado a unas privilegiadas (en ambos períodos), por lo que las encargadas de tal acción estaban muy bien consideradas; y acabaron por ser definidas por el nombre del elemento que portaban. De esta manera “azafate” definiría tanto al objeto como a la persona que lo llevaba, evolucionando en el tiempo hasta la actual “azafata”.
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