Los chicos del puente

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 03 may 2026 - 04:05 Actualizado: 03 may 2026 - 08:50
Los chicos del puente.
Los chicos del puente. | Alba Fernández

DÍA 25 DE ABRIL

Allá me fui a Chaves a celebrar el 52 aniversario de la inolvidable Revolución de los Claveles. Quedé un poco decepcionado, leí los periódicos portugueses y se celebró la fecha con cierta tibieza y frialdad.

Cierto que cuando atravesaba el viejo puente vi un puñado de jóvenes con guitarras que cantaban la mítica canción “Grândola, vila morena./ Terra da fraternidade./ O povo é quem mais ordena/ dentro de ti, ó cidade”.

Camino por sus calles y veo que hoy Chaves es una ciudad hermosa. Sus jardines, cuidados con mimo inglés; por algunos callejones aún sientes los restos de la saudade lusitana. Inevitable pensar que a pocos kilómetros Verín duerme y se respira eso que llaman decadencia. Canta la canción triste: se traspasa, se alquila. Al menos se respira una cierta inquietud cultural. Su biblioteca ha sido premiada en Europa.

Mientras, allá en los 60, la villa brillaba y Chaves era casi un villorrio. Si querías ir a Oporto, los taxistas se negaban por las pésimas carreteras.

Pero te cuento, fui a comer con João, un periodista de un diario de Oporto. Le digo: “Hoy mismo mi periódico, La Región, recuerda que al día siguiente del 25 de abril los hoteles de Verín, sobre todo el histórico Aurora, estaban llenos de personajes lusitanos con gafas negras, rostros crispados, telefoneando sin parar. Allí los vi yo. Eran fulanos adictos a Salazar, muchos de ellos de la PIDE, la cruel policía secreta del régimen. Pretendían huir, sobre todo hacia Brasil.

Siempre tuve curiosidad por el autoritario presidente Salazar, aquel hombre que gobernó Portugal con mano de hierro durante medio siglo. La leyenda dice que en los últimos años había perdido la memoria y el control. Tuvo un accidente cerebral. Le digo a Joao.

Me dice Joao: “No olvides que de la prisión de Lisboa sacaron a los presos políticos y metieron a culatazos a sus guardianes y verdugos. Aquello fue tan intenso…”

Me mira irónico: “Nosotros hicimos la revolución. Ustedes, la transición. Pero en las comisarías y en los puestos clave continuaron los mismos”.

El camarero nos recomienda un plato típico: arroz de fumeiro. Un plato contundente, cuánto me gustó el chouriço de cabaça. Te lo recomiendo, hermano lector.

Joao me cuenta cosas del 25 de abril: “¿Sabes?, yo entrevisté a Celeste Caeiro, la mujer que puso un clavel en el fusil de un soldado. Y ahí empezó todo. ¿Sabes?, su madre era de tu tierra: gallega. Me contó que vivía con una menguada pensión de poco más de 300 euros. Es como si no tratáramos bien a los héroes”.

Al menos la inmortalizaron con el verso: “Foste o vaso, foste a terra,/ onde o craveiro aflorou”.

Zeca Afonso, el autor de “Grândola”, también murió pobremente, acosado por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Actuó mucho en Santiago, donde era muy querido. Allí sí que le apoyaron.

De Saraiva de Carvalho, que lideró y creó la estrategia de la revolución, su final, en julio de 2021, casi pasó desapercibido.

Siempre tuve curiosidad por el autoritario presidente Salazar, aquel hombre que gobernó Portugal con mano de hierro durante medio siglo. La leyenda dice que en los últimos años había perdido la memoria y el control. Tuvo un accidente cerebral. Le digo a Joao.

Y él lo confirma: “Muy cierto lo que dices, hasta tal punto que le hacían periódicos falsos para él y ceremonias teatrales que él creía que eran consejos de ministros”.

Su Portugal era el de las tres “F”: Fútbol, Fátima y Fado.

(“Aquí se ve mucho su cadena Telecinco y sus programas amarillistas. Ustedes son maestros de la corrupción, nosotros estamos aprendiendo”.

Mi amigo y yo nos despedimos justo en el viejo puente. Chaves estaba en silencio. Ya no estaban los chicos que cantaban “o povo é quem mais ordena”).

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