Cinco poemas para el sosiego

HISTORIAS INCRÍBLES

Publicado: 01 mar 2026 - 01:20
Opinión en La Región
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Alguien llama.

Dios golpea con los nudillos el cristal de mi ventana. Llueve.

Me visita cuando ya se arruga este invierno, en esta tarde fría, en esta casa fría, en esta fría melancolía en la que me acurruco.

En mi mismidad, te espero, Señor, caído estoy de bruces, sobre el asfalto oscuro, pero tú entras y me alargas tu mano herida, tu mano suave y esdrújula.

Tintinean los cristales cuando tú me llamas y me aúpas desde el llanto de las hurracas hasta tu corazón de felpa cálida.

Tintineas en mi cristal, Señor…Tintineas.

Atardece.

Hoy, Tú y yo, codo a codo caminamos, esquivando las piedras puntiagudas, las nubes de tormenta, las negruras, el polvo del camino y los guijarros.

El aire nos golpea impertinente en este mes plomizo, desabrido, demacrado. Y lejos de sentirte irritado, te dibuja el cabello por la frente.

Aún oigo los martillos golpear, tus manos y tus pies, mi buen Jesús, y la lanza del soldado desgarrar.

Aún sangran, y lo veo, tus heridas, mientras nos llegamos a Emaús, a partir el sagrado pan de nuestra vida.

Noche oscura

Palpando la oscuridad, avanzo a trompicones y camino sin ti… Por un camino que tú, Topógrafo eterno, has trazado para mí.

Despistado habitualmente no te encuentro entre la gente, que se estira y se apretuja. Y como masa deforme es presa de la locura.

Si pregunto dónde estás, me dicen que no viniste. Que nunca estuviste aquí en este mundo siniestro, preguntando tú por mí.

Aquel fraile barbado de hábito pardo rompió mi melancolía cuando me dijo: Si de verdad tú lo buscas… Al Señor encontrarás en el dolor de cada día.

Y así cuando no puedo más y todo imposible parece por no tener solución… Comienzo a escuchar muy cerca… Palpitar… Tu corazón.

Desconcierto

A veces el Señor me visita y me consuela inesperadamente en unos flashes luminosos.

Es una tontería, dice una anciana, porque no habrá mañana. Todo se termina ahora mismo y la felicidad es una pedrada que nos quiebra el alma y ya sólo es añicos, mañana.

Pero pasa rápidamente. Navegante, romero, peregrino, me deja de nuevo sólo con mi estúpido anhelo.

Y sigue su eterno camino. Entonces vuelvo hacia mí los ojos: estancia vacía, vidrio de pacotilla, poeta sin versos… perenne miedoso, y desconfiado y despechado, decepcionado … de manera imperceptible… olvido al Crucificado. Y como tarda en volver ese viajero del aire desconfío y desespero.

No le necesito, me digo y poco a poco le cambio por este mundo real de aquí abajo… de aquí… del suelo que posee tantas cosas, dinerarias, caprichosas, doradas mariposas, de fama y de poder aparentemente hermosas…que me ofrecen tal señuelo.

Con facilidad me inclino a recoger esos bálsamos humanos. Pero… al mirarlos de cerca, se derriten en mis manos.

Entonces…disgustado, vuelvo la mirada al cielo. Y aunque me llueva en los ojos espero con humildad y paciencia y sumisa resignación que ese judío errante… me visite, a mí, de nuevo.

Futuro imperfecto

El sol se ríe tras las nubes. Escondido, saca su nariz de la mañana. Detrás del algodón roto nos vigila. Hormigas somos, sólo hormigas que van y vienen acarreando comida, leña, papeles, para mañana…

Es una tontería, dice una anciana, porque no habrá mañana. Todo se termina ahora mismo y la felicidad es una pedrada que nos quiebra el alma y ya sólo es añicos, mañana.

Pero el sol sigue mirando hasta que la noche lo emborrache de negro.

Negra la noche. Algodón negro. Hoy, sin Ti, todo es apenas… Nada.

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