Cinturón de castidad

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 29 mar 2026 - 03:10
Cinturón de castidad.
Cinturón de castidad. | Alba Fernández

Llega nuestra joven tertuliana muy guerrera a nuestro garito favorito. Para sorpresa nuestra, ella tan enemiga del alcohol, se pide una copita de vodka. “Camarero, de la misma marca que mis compañeros”. Zas se lo empuja de un trago. Todos pensamos qué se traerá entre manos: la que nos va a caer, como si tuviera una espada flamígera en las manos. Nos va a poner finos ella, tan feminista. Va al grano, directa, incisiva y reivindicativa: “Quiero que admitáis otra presencia femenina: yo sola entre tantos hombres siempre estoy en desventaja en los debates. Os propongo que venga una amiga mía con la que estoy en un proyecto artístico del que quiero hablaros”.

De inmediato, le responde el abogado: “esta reunión semanal se fundó por hombres. Sabrás que en muchos países, por ejemplo en Inglaterra, existen numerosos clubs solo para hombres, sin excepciones. Cuando viví en el País Vasco, pertenecía a una sociedad gastronómica exclusiva para varones”. El músico la quiere rematar: “Recuerda que te admitimos a ti como una excepción, con la que muchos no estaban de acuerdo. De ninguna manera vamos a admitir ni a tu amiga ni a nadie, masculino ni femenino. Tú estás aquí como una tertuliana más. Estamos contentos por tus aportaciones. A veces eres como una espada templada y nos haces pensar con frecuencia”.

Hasta que no hubiera paz y guardaran sus armas bélicas, ellas se negarían a los derechos conyugales o a cualquier insinuación erótica.

Sorprendente: se bebió la copa de un trago. Va y nos espeta: “El otro día hablabais de la asignatura pendiente, pues la obra en que estoy es otra asignatura pendiente. Conocéis Lisístrata, ¿os suena?”. Nadie responde, el profesor dice: “Me suena de algo latino, de los tiempos de Cristo”.

“Os cuento: Lisístrata se representó allá en el año 400 antes de Cristo. En aquellos años, los griegos no cesaban de guerrear y conquistar territorios. Vamos, como Trump ahora. Sucedió que las mujeres de Atenas, cansadas de verlos partir con sus lanzas y escudos, los cascos de sus caballos hiriendo la tierra, decidieron reunirse en consejo”.

Todos escuchamos con interés. Ella nos mira, provocativa: “Después de muchas conversaciones, tomaron una medida que la leyenda dice que fue eficaz. Hasta que no hubiera paz y guardaran sus armas bélicas, ellas se negarían a los derechos conyugales o a cualquier insinuación erótica”.

Se ríe el psiquiatra: “Bueno, es mejor solución que la de los cristianos que iban a conquistar Jerusalén como cruzados, o los soldados del Cid cuando tomaron Valencia. Entonces, los valientes soldados tomaban precauciones. Un buen cerrajero construía lo que se llamó cinturón de castidad, un artefacto de hierro que impedía el coito vaginal e incluso cubría los senos”.

Se queda pensativa nuestra amiga. “Nuestra obra la estrenaremos pronto, pues tenemos conversaciones con el Teatro Principal”.

“Ojalá pudiéramos representar la obra delante de la esposa de Trump, Melania, modelo, mujer de gran desfachatez, y la de Netanyahu, Sara, mujer de armas tomar y asidua a los juzgados, dicen que amante del lujo y las joyas”.

“Podrían tomar ejemplo de las mujeres griegas. Seguro que Trump, que presume de atleta sexual, accedería de inmediato y pararía a continuación sus obsesiones bélicas. Lo mismo que el psicótico Netanyahu”.

Se acaba la tertulia. Alguien recuerda a Machado: “¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra, odiada por las madres, las almas entigrece”.

Le decimos: “Invítanos a un ensayo”. Ella se ríe: “eso es secreto, como lo nuestro”.

Se va un poco decepcionada. El músico la toma del hombro y le dice al oído: “Mi madre siempre me recuerda, sin mujer no hay engendrar ni hay saber”.

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