Carlos Risco
COSAS QUE NO CONVIENEN
Lo que debe permanecer con nosotros
PUNTADAS CON HILO
Sánchez habla de los casos de corrupción del POSE y de su Gobierno como algo ajeno a su persona y cargo, como si no fuera con él. Habla desde la distancia de las cosas que le afectan directamente. Todo le queda lejos, no le salpica el chapoteo que se produce a su alrededor, ni Rodríguez Zapatero y su trama, ni Leire Diaz y su trama, ni Santos Cerdán y su trama, ni los registros en el PSOE, que los considera en casa ajena. Esos son problemas de los socialistas o de los ministros, no el presidente del Gobierno. Si están bajo sospecha, o imputados, o juzgados, o a las puertas de todos eso, es por su culpa, ellos son responsables. No importa que lo hayan hecho para mantener a Pedro Sánchez en el poder, porque eso también les beneficiaba a ellos, que se aguanten. Nada de culpar a quien les nombró.
Su actitud de distancia con lo que le es propio, mostrada claramente en la rueda de prensa tras la audiencia con el papa León XIV, puede considerarse un claro desdoblamiento de personalidad. Trastorno de identidad disociativa, que dicen los clínicos. Anomalía que se agudiza cuando le pide a su ministro de Exteriores que convenza al Vaticano para que el pontífice le visite a él en La Moncloa, como si fuera el jefe de Estado español, que es en realidad lo que ansía vehementemente. Por eso el Falcon, el Super Puma y las caravanas de escolta al estilo Obama.
Sánchez quiere evitar ese susto a los españoles y aspira a seguir otros ocho años más
Esa anomalía se observa en su ausencia de la realidad. No quiere convocar elecciones porque esos detalles de corrupción que ocupan todas las páginas de los medios de comunicación son intrascendentes. No tienen entidad suficiente como para disolver las cortes. Lo importante es que España va bien, que vive una estabilidad como nunca gozó el Gobierno para alcanzar metas y garantizar derechos. Lo importante es proteger a los ciudadanos de la posibilidad de que gane las elecciones el bloque de las derechas, aunque sea lo que decida la mayoría.
Sánchez quiere evitar ese susto a los españoles y aspira a seguir otros ocho años más, con presupuestos o sin presupuestos, con respaldo parlamentario o sin respaldo parlamentario, tampoco hay que ponerse muy estricto. Pero sólo por el bien de España, no por él o por su partido. Lo ha dejado muy explícito: no convoca elecciones porque eso evitaría males mayores a los presidentes autonómicos o alcaldes socialistas, y no está dispuesto a convocarlas por interés partidista, aunque se lo suplique Emiliano García-Page o muchos cargos municipales del PSOE. Lo importante es no cuestionar su permanencia en La Moncloa, aunque todo se hunda a su alrededor. Esta actitud solo puede mostrar un problema muy serio de sinapsis.
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