Jorge Vázquez
SENDA 0011
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La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC para ahorrarnos espacio) parece que se ha erigido en un nuevo censor, y es un especialista en dilucidar si un reportaje o un comentario incita o no al odio. Gracias a esa fina especialización, que ignorábamos, ha puesto una multa al periodista Federico Jiménez Losantos de 17.000 euros.
Esa cantidad les debe parecer pequeña, porque todos los consejeros cobran por encima de los 100.000 euros anuales. La CNMC, que, cuando se llamaba de otra manera tardó varios meses en enterarse de que al ciudadano que quería cambiar de compañía telefónica le sometían a un tortuoso procedimiento, y que dudo bastante de que se entere si las eléctricas o las empresas de hidrocarburos pactan los precios, parece que se dedica a escuchar la radio a ver si descubre cuándo incitamos al odio. Me imagino que, en compensación, la Asociación de la Prensa podrá investigar sobre los precios de la gasolina.
No conozco al detalle la intervención de Jiménez Losantos, pero dijo que la decisión de los jueces de dejar en libertad al prófugo era una bofetada a España, opinión con la que estoy completamente de acuerdo. Pero, más allá del contenido, lo que me deja estupefacto es que la CNMC se convierta en la censura que tanto sufrí en tiempos pasados, que es algo así como si la Federación de Atletismo suspendiera a un jurado literario por sus decisiones. O que la Asociación de Escritores dilucide la contaminación de los automóviles.
Debió incitar tanto al odio Federico Jiménez Losantos que ni la embajada de Alemania en Madrid se dio por aludida, ni las importantes empresas alemanas radicadas en España, algunas de las más importantes de la automoción, expresaron la menor queja. Pero allí estaba la CNMC, presidida por un catedrático de brillante currículo, y algún Torquemada que se ha colado por los despachos, dispuesto a instaurar un nuevo sistema de censura. Me parece lo mismo que el decimoquinto verso del soneto: estrambótico. Y peligroso.
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