Comaneci, la atleta perfecta de ojos tristes

SUEÑOS DE OLIMPIA

Publicado: 11 may 2026 - 04:50
Nadia Comaneci, delante del resultado que le convirtió en mito del deporte.
Nadia Comaneci, delante del resultado que le convirtió en mito del deporte. | La Región

Premiada recientemente en los ‘Laureus’, la exgimnasta rumana Nadia Comaneci es uno de los grandes iconos de la historia del deporte.

Aunque sus logros en competición son impresionantes -9 medallas olímpicas, 4 mundiales y 12 europeas- perdura su extraordinaria participación en los Juegos de Montreal (1976) donde rompió todos los cánones de la época.

Antes de la cita, los técnicos de cronometraje consultaron a la Federación Internacional sobre la posibilidad de instalar cuatro cifras en los marcadores electrónicos, por si alguna gimnasta lograba una puntuación de 10,00. “Eso no sucederá, ni en 100 años”, respondieron.

Quizá por ello, era una máquina atlética perfecta con un semblante de niña triste. Con una sonrisa forzada, coraza para disimular un trauma interno.

Comaneci lo logró 7 veces, gracias a una magnífica e inédita combinación de fuerza, agilidad y flexibilidad. La puntuación se plasmó en 1,00. Tenía sólo 14 años, muy por debajo de los 19 de Kim, 21 de Korbut o los 23 de Tourischeva, todas soviéticas.

Comenzaba una nueva era de pequeñas hormigas atómicas, forjadas a sangre y fuego desde la más tierna infancia. Nadia, nacida en 1961 en Onesti, entre los Cárpatos, fue el ejemplo ideal. Los entrenadores Bela y Marta Karolyi la descubrieron a los siete años en el patio de un colegio, junto a su amiga -y después gran bailarina- Viorica Dumitru.

El gimnasio de los Karolyi era similar a un gulag soviético. Insultos y golpes por no estar al nivel o engordar varios gramos, dieta a pan y agua, aislamiento total. Nadia siempre negó o minimizó estas técnicas, pero sus compañeras y el servicio secreto rumano la contradicen.

Quizá por ello, era una máquina atlética perfecta con un semblante de niña triste. Con una sonrisa forzada, coraza para disimular un trauma interno.

Caída, regreso y evasión para volver a sonreír

Nadia Comaneci, junto a Simone Biles, durante la entrega de su premio Laureus.
Nadia Comaneci, junto a Simone Biles, durante la entrega de su premio Laureus. | La Región

La información sobre el supuesto intento de suicidio de Nadia Comaneci es contradictoria. Ella lo calificó como accidente. Informes desclasificados de la ‘Seguritate’ afirman que ingirió detergente por una grave crisis emocional.

El servicio secreto espiaba a su hermano Adrián, a su compañera Ungureanu y a su entrenador personal, además de tener como confidentes a otra entrenadora y al secretario federativo.

Tal fue el suceso y sus consecuencias que se ordenó el inmediato regreso de los Karolyi a Bucarest, con la misión de recuperar al símbolo nacional para el Mundial de 1978. A esta cita llegó muy justa, pero en el Europeo de 1979 y en los Juegos de Moscú 1980 confirmó su recuperación, tras un régimen espartano que asumió gustosa.

La última gran cita fue el Mundial de 1981. A su término, los Karolyi desertaron en una gira por Estados Unidos, hartos del control del Politburó. Esta decisión desató la cólera de los Ceaucescu, aumentando el control sobre Nadia al extremo.

Comaneci, retirada en 1984, lo aguantó todo y aprovechó un momento de relajación para escapar, ayudada por Constantin Panait. Una fría noche de noviembre de 1989 caminó en silencio entre barro, hielo y agua, para cruzar la frontera húngara.

Nada tenía que perder porque nada tenía: dinero, amor u objetivos vitales. Dejó atrás una dictadura moribunda, solicitando asilo en Estados Unidos. Su escapada fue una humillación insoportable para los Ceaucescu. El último clavo en su ataúd.

En la Navidad de 1989 el matrimonio Ceaucescu fue ejecutado, derrocado por una Revolución. Nicu fue encarcelado y murió por cirrosis. La niña triste se convirtió, por fin, en una mujer libre, alegre y feliz.

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