Algo que compartir

Publicado: 05 abr 2025 - 03:05
Opinión en La Región.
Opinión en La Región. | La Región

La política -un arte, una ciencia, un mal menor, …- es un sobreentendido de fórmulas oratorias y procedimientos para intentar conllevarnos. Es cierto que el paso del tiempo le ha restado respetabilidad y hasta eficacia, pero la política guarda todavía, en su entraña, una posibilidad de esperanza cuando ya todo parece perdido. La polarización, que hace tabla rasa de los argumentos del otro y de la inteligencia propia, es el último lanzazo a la política. A través de esa lente polarizada, la pretensión, por ejemplo, del gobierno de España para establecer los criterios que aseguren la solvencia académica de las nuevas universidades, públicas y privadas, ha sido recibida por la oposición, no como plausible instrumento para la mejora integral de nuestro sistema universitario, sino como trampa saducea contra la libertad y pluralidad educativas.

Cierto es que el propio Gobierno no busca la claridad ni los paños calientes cuando califica de chiringuitos y de negocio la iniciativa privada en el sector de la educación universitaria. La izquierda, que hace tiempo chapotea en las simplezas, desconfía a priori de todo lo privado, también de la universidad privada. Molesta lo privado porque lo entienden como irreconciliable usurpación de lo público, de la universidad pública en este caso. En la derecha española pasa otro tanto, pero en sentido contrario: tienen aguzado el prejuicio según el cual nada que sea público puede ser de calidad suficiente o al menos equiparable, al producto ofrecido por un privado. También en la enseñanza universitaria.

Si le sumamos la incorporación masiva de la mujer, primero entre el alumnado y después en la investigación y la docencia, tenemos que la Universidad, pública o privada

Como carecemos de tradición liberal, más en la política que en las costumbres, nadie, a izquierda y derecha, confía en las virtudes del mercado, en su capacidad para casar pacíficamente las posiciones de demanda y oferta; en este caso, las de los alumnos al escoger con libertad el centro que mejor se adecúe a sus intereses. La derecha, tan calculadora y pragmática, estrangula la financiación de las universidades públicas para así allanar el camino a la implantación de las privadas; la izquierda, tan paternalista, pone en pie normativas y nuevos requisitos que dificulten la proliferación de lo que llama “academias” y “chiringuitos” privados.

Mi experiencia, en ambos modelos de Universidad, me lleva a no dar importancia al color del gato. Si abro el foco, encuentro que la educación superior ha sido el mayor ascensor y nivelador social que ha conocido España en el último medio siglo. Si le sumamos la incorporación masiva de la mujer, primero entre el alumnado y después en la investigación y la docencia, tenemos que la Universidad, pública o privada, es un ejemplo de institución flexible y eficiente que merece cuidados y respeto. Algo que todos podríamos compartir.

Contenido patrocinado

stats