Afonso Vázquez-Monxardín
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Resistencia Ártica” es un nombre rimbombante apropiado para hacer frente a un enemigo que es capaz de invadir un territorio militarmente y con capacidad para asentarse por lo que se necesita un alto nivel de movilización y moral para hacerle frente, además de un adecuado equipamiento militar que dé solidez del empeño.
Cuando el previsible enemigo es Estados Unidos, un socio que pretende anexionarse el territorio de otro país, Dinamarca, con unas excusas falsas relacionadas con su seguridad nacional, cuando lo que trata es de hacerse con sus recursos naturales, o plantea una disputa con otros países, Rusia y China, que no han realizado ninguna apropiación ni proferido amenazas a la soberanía de otra nación, el problema creado adquiere una dimensión inusitada. Si se quiere proteger el territorio de un enemigo que, por el momento, solo pretende tener acceso a las rutas árticas a medida que se produzca la tragedia del deshielo del casquete polar, basta con que se produzca un despliegue militar disuasorio para lo que Estados Unidos cuenta son suficientes medios, y con el apoyo de otros países europeos que le prestarían gustosos su ayuda.
Para el envío de militares españoles a ese territorio el Gobierno, necesitaría el aval del Congreso al tratarse de una nueva misión de las Fuerzas Armadas en el exterior.
Distintos países europeos han comenzado un mínimo despliegue de militares en el suelo de Groenlandia tras la amenaza del presidente de Estados Unidos de apoderarse, por las buenas o por las malas, de ese territorio autónomo de Dinamarca, mientras que el Gobierno español está a la espera de tomar una decisión respecto del envío de un puñado de militares españoles a esa misión de vigilancia que podría sustanciarse con el envío de un mayor número de tropas no se sabe muy bien bajo que paraguas político que no sería el de la OTAN, ni tampoco el de la UE que ha decidido que la protección de Groenlandia corresponde a los primeros.
Para el envío de militares españoles a ese territorio el Gobierno, necesitaría el aval del Congreso al tratarse de una nueva misión de las Fuerzas Armadas en el exterior. Dado que todos los países europeos integrados en la operación de la “Resistencia Ártica” han trasladado unos contingentes minúsculos para preparar el terreno por si fuera necesario un despliegue mayor, el Gobierno podría acogerse a algún subterfugio de la Ley de Defensa Nacional para obviar, en principio, un trámite parlamentario que siempre acaba en un enfrentamiento a varias bandas, con sus socios antimilitaristas de izquierda y con una derecha inmersa en las contradicciones internas que les causa el belicismo de Donald Trump, pero dispuesta a atacar a Pedro Sánchez.
Mientras la izquierda tiene claro que para afrontar las amenazas sobre Groenlandia hace falta más diplomacia, afirma Gabriel Rufián, e Ione Belarra apunta a la inutilidad del despliegue y llega a preguntarse si los militares españoles van a combatir cuerpo a cuerpo contra el ejército de EEUU, en el PP se guarda silencio sobre su posición a la espera de la reunión de Alberto Núñez Feijóo con Pedro Sánchez en La Moncloa, hoy mismo, para recibir información y fijar su posición, como si ya no tuvieran suficientes datos de lo que ocurre, no solo por las explícitas palabras de Donald Trump, sino por las decisiones adoptadas por otros países en los que gobiernan partidos conservadores de su familia política que anteponen los intereses de una Unión Europea amenazada por la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos a los de quien ha demostrado que está dispuesto a arrasar con el orden internacional.
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