La complicidad de Sánchez y Ábalos

PUNTADAS CON HILO

Publicado: 17 may 2025 - 12:23
Pedro Sánchez y José Luis Ábalos entran juntos al salón de plenos del Congreso.
Pedro Sánchez y José Luis Ábalos entran juntos al salón de plenos del Congreso.

Ya no hay duda. La publicación de las comunicaciones privadas entre el presidente del Gobierno y su entonces ministro, José Luis Ábalos, dejan muy claro que existía una complicidad total, una confidencialidad estrecha, casi intimidad, y una unidad de objetivos políticos en todas las actuaciones que se reflejan en los mensajes. Por lo tanto, los actos de su ministro no son ajenos a las responsabilidades de su jefe.

Incluso sin entrar en el asunto de esas comunicaciones, aparece muy evidente que existe una gran proximidad personal y política, de tal forma, que todo lo que lleva a cabo José Luis Ábalos es conocido perfectamente por su patrocinado, Pedro Sánchez. Le manifiesta abiertamente lo que piensa de miembros del Gabinete, lo que le parecen otros líderes de su partido, las descalificaciones que le merecen presidentes autonómicos, así como su opinión sobre lass fidelidades políticas y las maneras de actuar de Page, Lambán o Ximo Puig, entre otros.

Estas consideraciones las escribe con palabras gruesas, expresiones burdas, groseras, sin cuidar, propias del enfado que le provocan sus colegas de partido cuando no respaldan sus ocurrencias. Son desahogos que sólo se vuelcan a una persona de gran confianza, de gran afinidad política y personal. Hay, por tanto, una identificación profunda e íntima. Es una manera de expresarse entre personas que se lo cuentan todo. En este aspecto, también concluimos que la responsabilidad es compartida. No se trata de personas distantes, que sólo se comunican ocasionalmente; no son unos simples conocidos, de esos de los que uno se puede desentender si comenten una tropelía o un delito. No.

De hecho, mensajes posteriores a la época en que Ábalos fue proscrito del partido y del grupo parlamentario, muestran la añoranza de sus consejos, de sus opiniones políticas, de sus asesoramientos en momentos complicados para Sánchez. Es decir, aún entonces continúa esa confidencialidad, esa complicidad en las actuaciones políticas. Debe entenderse que se mantiene también la responsabilidad.

Hay, por tanto, una identificación profunda e íntima. Es una manera de expresarse entre personas que se lo cuentan todo

Es lógico pensar que Pedro Sánchez conocía las formas de actuar de José Luis Ábalos cuando manejaba los ministerios a su antojo. Y cuando su mano derecha, Koldo, hacía y deshacía a su gusto en beneficio de su jefe.

Ábalos negoció con los partidos de la oposición el precio de la moción de censura que llevó a Sánchez a la presidencia del Gobierno. Ahora, por medio de los mensajes se sabe que conspiró para promover mociones de censura en comunidades autónomas gobernadas por el PP. Todo ello con conocimiento puntual y exacto de Sánchez. No consta documentalmente que supiera de las aventuras sentimentales de Ábalos pagadas con fondos públicos, pero, en una relación de tanta complicidad como la de estos dos políticos, sería muy extraño que no le llegaran voces, informes privados, intrigas, susurros, murmullos, cotilleos sobre lo que estaba pasando. De hecho, existe el convencimiento de que todo esto lo supo Sánchez y fue lo que le llevó a la destitución de Ábalos sin justificarle las razones. Conocía sus métodos, sus acciones y, muy a su pesar, tuvo que destituirlo, aunque tapando los verdaderos motivos y los posibles delitos. Una complicidad muy clara.

Félix Bolaños insiste en investigar las filtraciones

El superministro Félix Bolaños está decidido a no parar hasta lograr su deseo de que alguien investigue las filtraciones de los mensajes entre Sánchez y Ábalos. El argumentario del Gobierno y de cada uno de sus miembros insiste en afirmar que se trata de un delito grave del que Sánchez es la víctima. Todos aseguran que no se puede consentir esta agresión a la intimidad del presidente del Gobierno. Algunos socios muy beneficiados del Ejecutivo, como el portavoz de ERC Gabriel Rufián, quien, como si estuviera en un monólogo del Club de la Comedia, alerta de que la filtración forma parte de una conspiración para derrocar al Gobierno con un “golpe de estado blando”. Y cosas por el estilo. Nada de esto dirían si el presidente fuese del Partido Popular. Además, estos socios actúan así no por amor a Sánchez, sino porque no quieren perder el beneficioso negocio que les proporciona la Moncloa.

Bolaños sabe que la filtración no es un delito si no lo ha hecho alguien que conoció esos datos en función de su oficio, como podría ser un fiscal, un juez o la policía judicial. Y esto es precisamente lo que quisieran, porque sería el mismo caso que tiene casi sentado en el banquillo a su fiscal general. No saben qué hacer.

Si los mensajes, que tanto comprometen al Estado y al Gobierno, los ha publicado uno de los actores de la comunicación no hay caso. Aunque pudiesen encontrar en ello algún tipo de delito, ya no tendría el mismo morbo que si hubiesen salido de una institución o cuerpo del Estado en una maniobra contra el Gobierno.

Creo que sí debían preocuparse por las razones que llevaron a Ábalos a guardar esas cadenas de mensajes en un disco duro. Se puede pensar que lo ha hecho para contar con un seguro ante posibles actitudes de rechazo por parte de su interlocutor, Pedro Sánchez. Se puede intuir que guardaba esa documentación para cuando el presidente del Gobierno quisiera zafarse de toda responsabilidad sobre los actos de Ábalos, o dijese que no lo conocía suficientemente. El propio Ábalos afirma que era para escribir sus memorias, pero esos archivos, como a las armas, los carga el diablo.

Lo que parece muy claro en estos momentos es que, si el Gobierno quiere que la Justicia emprenda investigaciones contra alguien, debe ser contra José Luis Ábalos. Y para eso, es necesario que el perjudicado presente una denuncia.

Salvar al presidente

En estos momentos, toda la acción de los 22 ministros de este Gabinete está centrada en salvar al presidente de las agresiones externas. Insisten en calificar los hechos como de gravísimos, de dilectísimos, según las “experimentada jurídica”, Yolanda Díaz.

Para Bolaños, es un ataque despiadado contra el presidente, que se ve sometido a vilipendio público con la exposición de los mensajes privados. Ningún presidente, según ellos, ha sido tratado de forma tan inhumana.

María Jesús Montero, escandalizada, asegura que “es gravísimo que se viole la intimidad y los derechos del presidente”, que “todo tiene una clara intencionalidad”, pero sin explicar cuál es. Y no descubre así nada nuevo porque, efectivamente, si Ábalos filtra estas comunicaciones es porque tiene una clara intencionalidad de defenderse o vengarse de sus compañeros.

De momento, el superministro Bolaños afirma que no van a presentar una denuncia o querella hasta que salgan todos los mensajes y comprobar la gravedad de los hechos. Esto parece más un intento de amedrantar al filtrador que un argumento jurídico. Si el delito es tan grave y evidente, la denuncia debían presentarla ya, desde el primer momento, sin esperar a más. Porque así no van a salvar al presidente.

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