Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Faltan 24 horas y el reo, impaciente, solicita a su carcelero que le libre del tormento de una espera angustiosa y adelante la ejecución de la condena que le aplicarán en menos de 24 horas. El carcelero no contesta, tal vez ni haya oído la súplica del condenado. ¡Solo!, nadie comparte con él las últimas horas que le quedan de vida, la soledad brama en el pasillo que conduce al cadalso donde se le aplicará la pena de muerte por asfixia. El olor a cadáver le recuerda sus paseos por el primitivo camino que bordea el río. Un pestífero olor a muerte indicaba la proximidad del matadero donde se sacrificaba al ganado; los mugidos de terror de las víctimas que esperaban el momento en cortejos aislados, lo que no les impedía berrear conscientes de su destino, percibido por el olor a sangre que impregnaba “o fuciño”, el recinto y todos los alrededores.
Unas gruesas lágrimas brotaron de sus ojos al confirmarse que fue su mejor amiga la que, desesperada por el dolor que le producía la extracción de las uñas de manos y pies
¿Cuál ha sido el horrible delito que ha cometido, para que nadie acuda en su defensa? ¿Creen que es un alimento como lo eran los terneros del matadero? Lo cierto es que todos sus partidarios se han encerrado en cuevas inexploradas, fuera del alcance de sus perseguidores, esperando que la ejecución de su amigo satisfaga el ansia de venganza de los enemigos de la creatividad. La mayoría de sus camaradas han sufrido terribles tormentos para que delaten el escondrijo de los que han huido. Unas gruesas lágrimas brotaron de sus ojos al confirmarse que fue su mejor amiga la que, desesperada por el dolor que le producía la extracción de las uñas de manos y pies, delató a todos los que recordaba.
El convicto, abatido, se sienta en el catre, cierra los ojos y con gran esfuerzo piensa en los acontecimientos de los últimos días: hace cuatro disponía del cariño de sus conciudadanos, con los que compartía alegrías, tristezas, salud y enfermedad… Al día siguiente una noticia acaparó toda la atención de los habitantes del planeta: “La guerra nuclear se ha desencadenado. Rusia bombardea Europa con cientos de ojivas nucleares, mientras EEUU descarga su arsenal sobre China”… Después... todo en blanco.
El Viejo Milenario despertó, sonrió y murmuró: “Aún estamos a tiempo”.
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