Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Ana de Bande a todo gas
CRÓNICA PERSONAL
Entenderse no es mostrar debilidad ante el adversario, no inclinar mansamente la cabeza. En una mesa de negociación lo inteligente es aceptar las reglas de juego: deben ceder las dos partes para, inteligentemente lograr un acuerdo que favorezca a esas dos partes. Y eso es lo que no se está viendo en las relaciones entre España y Marruecos.
Siempre se ha dicho en política que los países que comparten frontera están condenados a entenderse. España ha conseguido que las relaciones con Francia y con Portugal discurran por el buen camino, aunque con Marruecos nunca han sido fáciles. Pero jamás se habían traspasado determinados límites, entre ellos los de la territorialidad.
No se concibe que Marruecos no supiera que se preparaba una invasión masiva; es de dominio público que son excelentes. Pocas cosas hay que no sepan. Los famosos informes del CNI, que no son informes sino mensajes, wasaps y llamadas telefónicas, demuestran que los marroquíes recibieron información de los servicios españoles, y viceversa. Marlaska está quedando como un ministro que miente, que no se entera de la misa la media, no se sabe qué es peor. El CNI depende de Defensa, pero también la vuardia civil y policía dispone de sus propios servicios y son buenos.
España está condenada a entenderse con Marruecos, pero con Pedro Sánchez en Moncloa, en las relaciones entre los dos países Marruecos gana por goleada. Cesiones que perjudican al agro y a la pesca española, empresas españolas que en virtud de convenios bilaterales dan trabajo a miles de marroquíes -lo que está bien, así no se ven obligados a emigrar- y un capítulo que es sangrante y que no solo no ha sido explicado sino que no ha pasado por el obligado trámite parlamentaria: la asunción por parte de Pedro Sánchez de las exigencias de Marruecos respecto al Sahara. Una afrenta para España, que siempre defendió la posición contraria -que era la de la ONU. sino que echaba abajo la posición de siempre del Psoe, el partido que en España demostró más claramente su apoyo firme al pueblo saharaui. Sánchez hizo un daño profundo a su partido, no solo en lo político, sino que anuló el sentimiento humanitario del pueblo socialista al castigado pueblo saharui. Pueblo que se sentía español, ciudadanos de una provincia española.
La posición de Sánchez ante Marruecos no es la de un gobernante “condenado a entenderse” con su vecino. No. Es una rendición con todas las letras ante un gobierno que se ha marcado un objetivo que ve cualquiera con dos dedos de frente: para Mohamed VI, ha llegado la hora de hacerse con Ceuta primero y Melilla después. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta.
A no ser que el presidente español acepte esa situación que avergüenza a gran parte de los españoles y desconcierta a una UE que recuerda a Sánchez que Europa cuenta con leyes que permiten hacer inexpugnable la frontera y devoluciones inmediatas en situaciones de emergencia.
Más aún cuando está en riesgo la seguridad física y el futuro de miles de ciudadanos españoles. Ciudadanos europeos.
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