Manuel Baltar
Galicia y la cumbre
La 30 Cumbre Iberoamericana se celebrará en Madrid los próximos días 4 y 5 de noviembre. España vuelve a ser anfitriona, esta vez en un contexto que la propia organización reconoce como de “grave crisis del multilateralismo”. Sobra recordar las guerras comerciales, el proteccionismo y el pulso entre EEUU, China y Europa. En ese tablero, Iberoamérica corre el riesgo de ser espectadora. En la Comisión de Asuntos Iberoamericanos del Senado hemos realizado un apreciable trabajo en el ámbito de las comparecencias de titulares y representantes de organismos que ha concluido con la publicación de un informe que, sin duda, constituye un valioso instrumento para los trabajos de la Cumbre. En la presentación del volumen, Andrés Allamand, titular de la Secretaría General Iberoamericana y exministro de Relaciones Exteriores de Chile, dejó claro también su preferencia por seguir hablando de “comunidad” –el concepto humano, político y cultural- y no quedarnos en “conferencia” –la herramienta institucional- al hablar del mecanismo de cooperación entre los países que conformamos la realidad iberoamericana. Tampoco quiero que quede en el tintero la advertencia del exministro Fernando Jáuregui sobre la relevancia del papel que está llamado a jugar Felipe VI en ese encuentro.
Para Galicia, sin embargo, esta Cumbre no es ajena. Debería ser una oportunidad. En primer lugar por la diáspora. Ninguna comunidad entiende mejor que Galicia la nueva agenda puesta sobre la mesa: migraciones, diásporas y políticas de cuidados. Ninguna comunidad autónoma despliega una actividad como la Xunta a través de su Secretaría Xeral de Emigración dentro de la Consellería de Emprego, Comercio e Emigración. Somos la nacionalidad histórica de la emigración a Buenos Aires, Caracas y Montevideo, y ahora la del retorno. Si la Cumbre avanza en un estatuto para la diáspora o en la portabilidad de derechos, Galicia debería ser la ponente.
Segundo, por la economía azul y la conectividad. La agenda previa a la Cumbre incluye la IX Conferencia Iberoamericana Ministerial de Transportes los días 8 y 9 de octubre en Valladolid, centrada en conectividad y cohesión territorial. Ahí Galicia tiene voz: puertos de Vigo y A Coruña, corredor atlántico, pesca… La transición verde y la seguridad alimentaria nunca se podrán escribir sin el Atlántico.
El problema de fondo es el mismo de siempre: que estas cumbres acaben en declaración retórica
En tercer lugar -y no hablo de orden de prelación-, por el talento. Porque otro de los objetivos es la homologación de títulos universitarios y la movilidad académica. Y para un sistema universitario como el gallego, que acoge estudiantes iberoamericanos, es vital. Que nos lo digan al Campus de Ourense.
El problema de fondo es el mismo de siempre: que estas cumbres acaben en declaración retórica. Nunca es efectiva la mera política de escaparate. Desconfiemos de la retórica bienintencionada, diseñada para producir titulares y para que alguien –siempre el menos indicado- pueda exhibir una supuesta superioridad moral en materia internacional. La política seria exige algo más que eslóganes. El Ministerio de Exteriores habla de buscar “resultados tangibles con impacto directo y positivo sobre la ciudadanía”. Ojalá no quede en un mero ejercicio de buenismo.
Sinceramente creo que esta Cumbre solo valdrá la pena si sale de Madrid con tres cosas concretas: un fondo operativo para desastres naturales (si Iberoamérica sufre huracanes, nosotros incendios y el mecanismo es el mismo), un acuerdo real de homologación de títulos (y no un memorándum) y un Plan de Cooperación 2026-2030 que deje de pensar en América Latina como receptora de ayuda y empiece a pensarla como socia.
Galicia no necesita una nueva foto de familia con himnos. Necesita que esa familia sirva para que volver no sea una aventura administrativa, para que estudiar a un lado y a otro del océano sea normal y para que el Atlántico sea puente, no frontera. Si en la Cumbre lo entienden así, habrá merecido la pena. Quizás acertemos diciendo que para Galicia, Iberoamérica no es política exterior, es política interior pues allí vive parte fundamental de nuestra alma. Desde Ourense, desde la cumbre de Galicia -Pena Trevinca, con su 2.127 metros de altitud sobre el nivel del mar- estaremos expectantes a sus resultados.
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