Conflicto permanente y sin respuesta

Publicado: 14 abr 2026 - 06:10
Conflicto permanente y sin respuesta
Conflicto permanente y sin respuesta | José Paz

Lo de Ourense ya no admite eufemismos. No estamos ante una etapa difícil ni ante un mandato complicado. Lo que se ha instalado en la política municipal es una degradación sostenida que ha terminado por desdibujar la frontera entre la gestión pública y el espectáculo.

Y en el centro de ese proceso está el alcalde, Gonzalo Pérez Jácome. No tanto como figura polémica -eso sería lo de menos-, sino como símbolo de un modelo que ha sustituido la responsabilidad de gobernar por la lógica del conflicto permanente. Un modelo donde la visibilidad pesa más que la eficacia y donde el ruido mediático actúa como sustituto de los resultados.

Basta con atender a los hechos. El intento reiterado de imponer el cobro en las termas de As Burgas, planteado sin apoyos suficientes ni una estrategia sólida detrás. La situación de la avenida de Portugal, convertida en ejemplo de parálisis, retrasos y falta de planificación. El problema de los contenedores en la calle que prometía arreglar en 15 días.O la ratificación judicial de la vulneración de derechos fundamentales de una concejala en un pleno municipal, un episodio que trasciende la anécdota y apunta directamente al deterioro institucional.

No son interpretaciones. Son hechos.

Lo más preocupante, sin embargo, no es su acumulación, sino la ausencia de cambios. El patrón se repite: confrontación, provocación y sobreexposición mediática. Cada polémica tapa a la anterior y desplaza el debate de fondo. Es un sistema eficaz para evitar la rendición de cuentas, pero profundamente dañino para gobernar.

Mientras tanto, la ciudad queda fuera de foco.

El resultado es evidente: Ourense funciona por debajo de su potencial. No hay un proyecto económico claro, ni una política urbana coherente, ni una estrategia de futuro que permita anticipar hacia dónde se dirige la ciudad. En su lugar, se instala una sensación de desgaste, de cansancio y, en el peor de los casos, de resignación.

Y ahí reside el verdadero problema.

Porque lo más grave no es solo lo que ocurre, sino que haya dejado de provocar una reacción proporcional. Que se pueda gobernar sin apoyos estables, sin acuerdos sólidos y sin una hoja de ruta clara sin que eso genere una respuesta política e institucional a la altura.

Cuando eso sucede, el problema deja de ser únicamente quién gobierna. Pasa a ser cómo funciona el sistema.

Una ciudad no puede vivir instalada en el conflicto permanente sin pagar consecuencias. Y Ourense las está pagando: en credibilidad, en oportunidades y en futuro.

Frente a esta deriva, la alternativa no es compleja ni extraordinaria. Pasa por lo básico: un plan estratégico serio, acuerdos políticos que garanticen estabilidad, una gestión profesionalizada, una administración más ágil y la recuperación del respeto institucional.

No es nada excepcional. Es, simplemente, lo que hacen las ciudades que avanzan.

A estas alturas, el debate ya no es ideológico. Es funcional. ¿Funciona el gobierno municipal? No. ¿Se están resolviendo los problemas? Tampoco. ¿Existe un rumbo claro? Difícilmente.

Lo demás es ruido.

Y una ciudad que se instala en el ruido no solo deja de avanzar. Empieza, inevitablemente, a retroceder.

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