Conocer (y reconocer) a los pájaros del jardín

COSAS QUE CONVIENEN

Publicado: 29 mar 2026 - 06:05
Conocer (y reconocer) a los pájaros del jardín.
Conocer (y reconocer) a los pájaros del jardín.
  1. El herrerillo tenaz. Con su canto-martinete, este amigo de pecho amarillo es la felicidad que abre y cierra el día. Alguno he enterrado bajo el sauce, muerto por los gatos implacables. Y les pido perdón rellenando los comederos, colgando casas-nido, dejándoles agua fresca cuando el verano.
  2. El arrendajo chivato. Este primo de la urraca ayuda a caminar al bosque con sus despensas de bellotas olvidadas. Su llamado advierte que se aproxima un humano funesto, que lo es menos cuando consigue ver su plumaje azul cobalto entre las ramas. Todo un sueño mineral.
  3. El águila en el poste. Que veo cada mañana desde la bici y con quien negocio un pequeño juego: Todo está bien si me advierte pero no huye y me deja pasar vigilándome desde lo alto.
  4. El petirrojo panzudo. Otra voz del coro del alba y una presencia que anida en las ramas vecinas y las casas que repartimos por ahí. A través de un petirrojo pedí permiso en el cementerio para habitar esta casa.
  5. La oropéndola burbujeante. Una divinidad que regresa de África para cruzar el jardín con sigilo y tal vez dejar sobre la hierba una pluma de oro. Escuchar su canto submarino te transporta a un lugar mejor, definitivo.
  6. La lechuza sobre la casa. Con su gruñido nocturno, se hace con los cárabos la voz de la noche. A veces la sentimos cambiar de árbol, en ese batir de alas levísimo y secreto. Los antiguos creían que su visita era señal de muerte. A mí me gusta pensar que es una protección del trasmundo.
  7. El picapinos en la ermita. Desde allí suena su tamborileo, que viaja a través las antiguas huertas que hoy son bosque. Una sola vez he visto su cabecita roja entre las ramas de los castaños. Escucharlo basta. La compañía mejor es la que se siente, no la que se ve.
  8. La golondrina que vuelve. Vuelve como vuelve el cuco y trae consigo la primavera. Las veo sobrevolando junto al río, donde tienen sus casas. Quiero colocar algún nido artificial y ser honrado de tenerlas como vecinas. Su chisporroteo feliz es del que comprende la vida.
  9. La abubilla gloriosa. Quizá la invoquemos con el reclamo (tú-tú-tú) para que baje a nuestro pequeño edén de carballos. La visión de su crestita y su ojo listo se siente promesa. Todo pájaro es una presencia del más allá, un anunciador de algo y más si lleva un penacho sobre la cabeza.
  10. El mirlo que lleva algo en el pico. Una aparición. Negro, negrísimo, con su nariz naranja, siempre con algo en la boca. Lo sabemos crujir como su prima la corneja (que da buena suerte cuando sale por la derecha) y lo adoramos cuando canta, voz entre voces.

Contenido patrocinado

stats