Alfonso Villagómez
Derechos de unos y de otros
Dicho así “El pañuelo de Hegseth”, el título de este artículo casi podría parecer el nombre de una paradoja o de un misterio filosófico, matemático o físico como “La navaja de Okham”, “La paradoja de Zenón”, o “El gato de Schrödinger”.
Pero no.
“El pañuelo de Hegseth” es el que lleva siempre el secretario de guerra de los Estados Unidos, antes presentador en un mal programa de la Fox, en el bolsillo de pecho de su chaqueta. Una banderita de los Estados Unidos con sus barras y estrellas bien visibles asomando, impecablemente planchado, por fuera del bolsillo.
Sin embargo el pañuelo de Hegseth es interesante porque encierra ciertos significados que podrían equipararlo a las paradojas citadas más arriba.
Al igual que la navaja de Okham que revela que la explicación más simple suele ser la acertada, el pañuelo de Hegseth hace lo mismo. O sea, no nos compliquemos la vida: este hombre es idiota.
La paradoja de Zenón suele contarse como una carrera entre Aquiles y una tortuga. Aquiles le da ventaja a la tortuga. Pero como el griego aunque sea más rápido siempre tendrá que recorrer la mitad de la distancia que lo separa del parsimonioso quelonio, nunca lo alcanzará. A Hegseth le pasa algo parecido: se viste muy bien y se pone mucha gomina en el pelo sí, pero nunca llegará a ser una persona.
El gato de Schrödinger como todo el mundo sabe no está ni vivo ni muerto. Aquí la analogía con el pañuelo está clara. Ese pañuelo ni es un pañuelo ni es una bandera. No sabemos qué es. Probablemente nada.
Esos pañuelos nunca salen de ahí. Son puramente decorativos como las corbatas o las pajaritas
Quizás Hegseth sea el gran filósofo de nuestro tiempo, ¿quién sabe?
Cualquiera que se haya interesado algo por los códigos de la elegancia masculina clásica, yo lo hice por mor de mi profesión durante años como fotógrafo de moda, sabe que en la correcta vestimenta de un caballero según esas normas (decimonónicas) no se permiten estridencias. Como mucho un sombrero especial, un reloj, una corbata, o el pañuelo del bolsillo de pecho.
Un pañuelo que puede asomar doblado en uno o varios picos, o bien provocativamente desenvuelto como los pétalos de un gracioso ciclamen, o planchado como un fino rectángulo perfecto. Este último es el caso del pañuelo de Hegseth.
Esos pañuelos nunca salen de ahí. Son puramente decorativos como las corbatas o las pajaritas. El que lleva uno, si tiene que sonarse los mocos lleva otro en el bolsillo del pantalón para eso. Yo no me imagino a Hegseth sonándose los mocos con la bandera americana, aunque vaya usted a saber.
Pero hay un momento maravilloso que solo se da en el cine en el que Cary Grant, Spencer Tracy, James Stewart o Humphrey Bogart lo sacan del bolsillo, lo sacuden un poco en el aire y se lo ofrecen a… una chica que está llorando.
Ahí es correcto sacar ese pañuelo. Pero no, nunca, la bandera americana.
¡Qué útiles son la filosofía y la moda!
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