Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Galicia busca agua
TAL DÍA COMO HOY
Edward Whymper (1840–1911) fue un alpinista, ilustrador y escritor británico, conocido por realizar la primera ascensión al Cervino el 14 de julio de 1865. Esta montaña, de 4.478 metros, ubicada entre Suiza e Italia, era una de las últimas cumbres vírgenes de los Alpes y considerada inalcanzable por muchos.
Whymper, fascinado por los Alpes mientras trabajaba como ilustrador, se convirtió en uno de los protagonistas de la llamada Edad Dorada del Alpinismo. Tras varios intentos fallidos, reunió un equipo de siete hombres para atacar la montaña por la arista Hörnli, en el lado suizo. Le acompañaban el guía francés Michel Croz, el aristócrata Francis Douglas, el reverendo Charles Hudson, el joven Douglas Hadow, y los guías suizos Peter Taugwalder (padre e hijo).
El ascenso fue un éxito. El grupo alcanzó la cima, marcando un hito en la historia del montañismo. Sin embargo, la gloria se tornó en tragedia durante el descenso: Hadow resbaló, arrastrando a Croz, Hudson y Douglas.
La cuerda que los unía se rompió, y los cuatro cayeron al vacío por la vertiente norte. Solo Whymper y los Taugwalder sobrevivieron.
El accidente causó un gran escándalo en la prensa europea. Aunque una investigación suiza exoneró a Whymper, siempre cargó con la sombra de la tragedia. Pero, a pesar de ello, continuó su carrera alpinista, viajando a los Andes y escribiendo sobre sus exploraciones. Murió en 1911 en Chamonix, Francia.
Hoy, el Cervino sigue siendo una montaña simbólica del alpinismo.
La ruta de Whymper es la más frecuentada, y la cruz en la cima recuerda tanto la conquista como el precio que se pagó por ella. La historia de Whymper refleja la eterna tensión entre el espíritu de aventura y los riesgos de desafiar a la naturaleza.
La expresión original procede del Egipto antiguo, pero permaneció oculta por mucho tiempo.
Aconteció que, como estaba escrita en jeroglífico, no pudo ser descifrada hasta el descubrimiento de la piedra de Rosetta.
En jeroglífico la expresión se escribía así: ojito delineado, escarabajo, culebra, cruz con cabeza, muñequito mirando a la izquierda y una paloma.
Según la tradición instaurada por la dinastía de los Ptolomeos, el dibujo de la paloma como cierre de la frase era una distinción que correspondía a los criminales que se salían con la suya.
Cuando Roma invadió Egipto, declarándolo provincia romana conforme al referéndum llevado a cabo en la península itálica, la expresión pasó al Imperio latinizada: incidere quod incidere y fue usada por diversos emperadores,
El famoso principio del derecho romano de nulla poena sine culpa fue entonces trastocado por el más sencillo, el simple nulla poena, el sine fue eliminado y la culpa se atribuyó de manera exclusiva a los enemigos del Imperio (Nihil novum sub sole).
Sin embargo, en el año 476, el ‘‘caiga quien caiga’’ se volvió contra los propios romanos con la llegada de los bárbaros. Durante toda la Edad Media, el ‘‘caiga quien caiga’’ fue aplicado con todo rigor, aunque algunos historiadores poco acuciosos apuntan a que solo se medioaplicó.
El ‘‘caiga quien caiga’’ medieval se inicia con el señor Carlos Martell (abuelo de Carlomagno), cuyo hijo, Pipino el breve, increpó al pontífice Zacarias diciéndole: ‘‘¿sacarías a los merovingios para meter a los carolingios?, ¿sí o no?’’
A lo que este respondió en griego: ‘‘Όποιος πέφτει’’, esto es: ‘‘caiga quien caiga’’ (se pronuncia: opios pefsti),
Por terminar…
Según algunos etimólogos, la frase puede tener un origen militar y era pronunciada por los comandantes de batalla para animar a los soldados antes de la misma con la finalidad de que las tropas se lanzaran al combate sin importar las consecuencias.
Lo curioso es que quien hacía la invitación rara vez caía, tradición que se mantiene intacta hasta el día de hoy.
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