Contraculturas

Campo do Desafío

Publicado: 27 oct 2026 - 04:05
Opinión en La Región
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La contracultura ha estado asociada, durante décadas, a los valores defendidos en las revueltas juveniles de los años sesenta del pasado siglo. Un movimiento planetario, porque alcanzó también a los países de la órbita soviética, que enfrentaba lo establecido desde al menos el final de Segunda Guerra Mundial. De entonces a ahora, muchas de aquellas demandas de libertad, derechos de la mujer, reconocimiento del movimiento LGTBI, cambios en las costumbres y la moral, la búsqueda de la paz o la conciencia ecológica, han llenado los discursos y las agendas de las políticas progresistas y, con más renuencia, también de las conservadoras. Hoy, y también con alcance global, vivimos ya una nueva ola contracultural, pero de sentido contrario.

Para ser exactos, asistimos a un movimiento que, aunque suma circunstancialmente sus fuerzas, parece escindido en dos direcciones. Una clásica, conservadora y revisionista, de vuelta al pasado, al viejo orden autoritario, en la cultura, la libertad de expresión, la interpretación de la historia o la recentralización del Estado. La segunda, propositiva y fascinada por el libertarismo norteamericano, aspira a socavar el Estado protector, de tradición europea, y donde los negocios, la ley del más fuerte y el sálvese quien pueda, dentro del individualismo exacerbado, sean el nuevo código de circulación y conducta.

Las opciones políticas dispuestas en la actual carrera electoral, representan sustancialmente los modelos en rumbo de colisión

Con todos los matices que se quieran añadir a cada sociedad analizada, la reacción contra los valores bajo los que nos hemos regido durante las últimas décadas, representa un asalto en toda regla a nuestro modelo de organización y convivencia social, tanto en Europa, de este a oeste, como en América, de norte a sur. España, es obvio, no escapa a este cruce de tensiones. Las opciones políticas dispuestas en la actual carrera electoral, representan sustancialmente los modelos en rumbo de colisión. Por un lado, el statu quo progresista y hasta de izquierda comunista, instalado en la conciencia colectiva del país desde los setenta, y por otro, el conservadurismo atávico del “macizo de la raza”, reforzado con las nuevas hornadas de jóvenes fascinados con la posibilidad de no pagar impuestos, reducir las instituciones del Estado a su mínima expresión y la tentación añadida de ceder el poder político a un ente autoritario donde la democracia y la división de poderes pasen a ser pura arqueología.

En las elecciones del 29-N está en juego lo hasta ahora dicho. Los extremos, que han infiltrado las conciencias de las fuerzas básicas del sistema, tiran hacia sí de cada una de ellas. Tanto Feijóo como Sánchez parecen tener prisa en atender los cantos de sirena que, a derecha e izquierda, respectivamente, llegan a sus oídos. La contracultura del momento parece vigorizada a la diestra, pero los boomers, que hicieron realidad la anterior ola contracultural, harán valer los derechos adquiridos.

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