Víctor González
Fútbol es fútbol
El poder es un medio para la protección, defensa, realización y promoción de los derechos humanos. Por eso, desde la dimensión democrática se ejerce el poder desde una actitud solidaria, es decir, a partir de la consideración ética.
Pero sería ingenuo pensar que las disposiciones éticas no pueden sufrir deterioro. Las posiciones ideológicas acostumbran a suponer que la adhesión a unas ideas purifica las intenciones, de ahí que desde los supuestos ideológicos se ha llegado a afirmar que “los nuestros” no se corrompen, y cuando la corrupción se manifiesta se recurre al expediente de que “se ha visto defraudada nuestra confianza”.
El sometimiento a los procedimientos legales en un marco de potenciación de los derechos humanos, es la garantía democrática de la exclusión de la arbitrariedad o el despotismo en el proceso de decisión
El pensamiento abierto se instaura en la legítima desconfianza democrática en el poder. Y la desconfianza no es retórica, sino que se traduce en la instauración de los necesarios mecanismos de intervención, control y fiscalización que hace más difícil el deslizamiento hacia comportamientos corruptos.
Los procesos de profundización en la autonomía de las diversas entidades y de las diversas instancias territoriales; los mecanismos que acentúan la división de poderes y aseguran la independencia de cada uno de ellos, contando con nuestras peculiaridades constitucionales; el impulso de la vida parlamentaria como eje del debate político; el respeto a la independencia de los medios informativos y la preservación de su pluralidad, son muestras de lo que supone la subordinación del poder a la consecución del bien político general.
Pero, sobre todo, y con carácter general, el sometimiento a los procedimientos legales en un marco de potenciación de los derechos humanos, es la garantía democrática de la exclusión de la arbitrariedad o el despotismo en el proceso de decisión.
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