Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
El campeón era lo de menos. Sobre todo cuando se ponen de acuerdo en minimizar su importancia hasta un minuto antes de acabar y solo cambia de opinión el ganador. Pero sobre todo por la sucesión de momentos bochornosos que precedían a la final.
La Supercopa sigue siendo de cualquier cosa, menos de España, pero queda muy bien decirlo y a la vez poner la mano para que caigan euros en la saca. Las banderas de cualquier reivindicación deja de tener peso cuando solo vale si el dinero no importa más.
Lo ocurrido a las mujeres de los futbolistas del Mallorca, agredidas y acosadas tras la segunda semifinal, fue suficientemente grave para que se alzasen todas las voces con peso y bajasen las persiana del torneo. Nada, ni una. Todos y todas callados.
El nuevo presidente de una Federación manchada al máximo por temas parecidos, Rafael Louzán, metió la cabeza bajo tierra. El del CSD, José Manuel Rodríguez Uribes, quedaría cansado tras redactar el “patadón palante” con el caso Dani Olmo. Los clubes con el altavoz más potente, Real Madrid y Barcelona, ya bastante tenían con protegerse a sí mismos tras quedar una vez más favorecidos, tanto con la sanción a Vinicius como con la cautelar a los azulgrana, y aún todavía hacerse los ofendidos. ¡Ah! Y Laporta. Bueno eso ya es caso aparte. El mejor ejemplo de lo que ha sido esta Supercopa, una vergüenza.
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