Xavier Castro
A MESA Y MANTELES
Vida de una trabajadora en una fábrica conservera
EDITORIAL
Los españoles no podemos tolerar la corrupción ni la indecencia como si fuera algo normal. No podemos normalizar la corrupción en nuestras vidas y en nuestras instituciones”. Estas palabras que fueron pronunciadas hace hoy ocho años en el Congreso de los Diputados, parecen pronunciadas para referirse al momento en el que vivimos actualmente. Están en el acta de la sesión del Pleno del Congreso del 31 de mayo de 2018, primera jornada del debate de la moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy, que caería al día siguiente tras la votación. Quien así se dirigía a los diputados trataba de argumentar las razones por las que el Gobierno del Partido Popular debía ser tumbado y el socialista Pedro Sánchez, coronado presidente. Se afirmaba también en aquel discurso que el PSOE era un “partido de palabra”, que encaraba el tiempo que se abriría con el nuevo Gobierno, “con el respeto a la ley y a la Constitución”.
Y mira por donde quien así se dirigía a los miembros del Congreso está hoy en la cárcel, en espera de que se pronuncie la sentencia del caso Mascarillas. Era José Luis Ábalos quien apelaba al respeto a la ley y a la Constitución, quien calificaba de intolerable la corrupción y la indecencia, el mismo hombre que hoy está señalado por la Fiscalía Anticorrupción como la cabeza de una trama criminal que se benefició cobrando comisiones del dinero público por la venta de mascarillas cuando España estaba sacudida por el mayor drama sanitario vivido en su historia. Hombre de confianza de Sánchez, su secretario de Organización, su escudero en la moción de censura de 2018 y ministro que manejaba presupuestos milmillonarios, se enfrenta a una petición de 24 años de prisión.
Éste fue el primero de los casos que hoy acosan a Pedro Sánchez. El segundo involucra a Santos Cerdán, sustituto de Ábalos en la Secretaría de Organización del PSOE. Se enfrenta a treinta años de prisión por el caso del amaño de contratos públicos, organización criminal y cohecho. Cerdán también se ha visto involucrado en un tercer caso que investiga una presunta trama vinculada al entorno del PSOE para interferir en causas judiciales que afectaban al partido y al Gobierno, en el que aparece otra siniestra figura, la de Leire Díaz. No es casualidad que la apodasen la Fontanera, pues este caso nos lleva a las cloacas más infectas de la política en las que se maneja dinero y argucias para extorsionar a policías, jueces y fiscales.
No puede ser casualidad esta sucesión de procesos judiciales que envuelven al presidente del Gobierno, alegan sus enviados para defender el fortín de la Moncloa
Por si fuera poco, estos días asistimos al juicio oral de otro de los casos que afectan directamente al presidente del Gobierno. Se trata del juicio a su hermano, David Sánchez, y a diversos cargos públicos socialistas por presuntos delitos de tráfico de influencias y prevaricación. El 9 de junio, su mujer, Begoña Gómez, tendrá que acudir a una vista preliminar de su causa por supuestos delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida. Y una semana después habrá de comparecer en la Audiencia Nacional José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por el caso Plus Ultra al considerar el juez Calama que hay indicios de que el expresidente del Gobierno lideraba una trama de tráfico de influencias y blanqueo de capitales.
Son seis casos, seis escándalos que afectan a personas del entorno familiar y político del presidente del Gobierno. Un presidente que llegó por primera vez a la Moncloa con el objetivo de regenerar la política y abrir el diálogo, eso decía. Pero los hechos llevan ocho años contradiciendo aquellos propósitos: en vez de diálogo ha fomentado la crispación política y la desigualdad territorial y con ello el crecimiento desmedido de los movimientos antisistema tanto en la extrema derecha como en la izquierda.
Con la Ley de Amnistía demostró que no era cierto que el PSOE era un “partido de palabra”. Y con estos seis casos judiciales, seis auténticos escándalos, lejos de regenerar ha convertido corrupción e indecencia en el día a día de la realidad española.
Pero una vez más, el PSOE de Sánchez tira de manual de resistencia y, una vez más, desafía a la inteligencia de los españoles, desarrollando su propio relato: el de la conspiración de la Justicia española para tumbar al bueno del presidente. Esa Justicia a la que aplaudió y de la que se valió para tumbar a Rajoy es hoy, según el ejército pretoriano del sanchismo, un clan de jueces canallas, organizado en la sombra, para tumbar a san Pedro Sánchez. Y mientras el presidente afirma ante los micrófonos que tiene el máximo respeto hacia los tribunales, sus ministros aprovechan cualquier ocasión para señalar una supuesta persecución orquestada por jueces y fiscales a las órdenes del Partido Popular. La verdad es que si el PP tuviese la influencia que le atribuyen sobre la Audiencia Nacional, no habría sido sentenciado hace ocho años por la “Gürtel”.
Sánchez ha dado en estos años buen ejemplo de cómo sobrevivir a cualquier precio, siempre que ese precio lo paguen otros, es decir, nosotros. Sus pactos con Junts son un buen ejemplo de ello, para escándalo de los genuinos socialistas. Si su coro de aduladores no recitan lo suficientemente alto las bondades de este gobierno, en la televisión pública han creado programas desde los que cantan sus alabanzas y amedrentan al espectador con las maldiciones que le esperan si cae este Gobierno. TVE ha inventado el género del marujeo político para dedicar diez horas al día a esa tarea. Nunca nadie se había atrevido a un uso tan partidista de la televisión pública.
Después de adelantar las elecciones en 2023 para intentar salvar los muebles, tras el descalabro de las municipales de mayo de aquel año, ha descubierto ahora que su deber como presidente es agotar la legislatura. Una legislatura en la que no ha conseguido aprobar ni uno solo de sus presupuestos. ¿A qué viene este cambio? Sánchez es un auténtico mago a la hora de justificar lo contrario de lo que pensaba unos meses antes. Y en esta ocasión sabe que, aunque el CIS le da una ventaja de once puntos frente al PP, siguiendo la misma política aduladora de TVE, si hoy se presenta a las elecciones lo haría habiendo hundido la reputación del PSOE hasta los niveles más bajos de su historia y con la corrupción sobrevolando sobre su sede, con un secretario de organización encarcelado, otro en libertad bajo fianza y seis causas abiertas, lo único que le queda es resistir el asedio, confiando en que sus más fieles lo libren del desastre final, haciendo lo que sea necesario para que toda esta conspiración se diluya y se olvide.
No puede ser casualidad esta sucesión de procesos judiciales que envuelven al presidente del Gobierno, alegan sus enviados para defender el fortín de la Moncloa. Pues claro que no puede ser casualidad, es simplemente el resultado de ocho años en los que Sánchez ha enfangado todavía más de lo que estaba la credibilidad de la clase política. Y pretende hacer lo mismo con el poder judicial. ¿Es posible caer más bajo? Por supuesto que sí, cada día que pasa sin someterse a la voluntad de las urnas, Pedro Sánchez desciende un peldaño más hacia la ignominia.
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